Felix Maocho

Para quien le interese lo que a nosotros nos interesa

Ayudar a alguien con pensamientos de suicidio

Por Félix Maocho
7/11/2018

Tenemos derecho a suicidarnos?. Es decir, si decidimos suicidarnos, ¿Tenemos derecho a que nadie nos ponga impedimentos para hacerlo?.

Dicho así, parece como que si. Si yo quiero acabar con mi vida, por qué nadie va a tener el derecho de cambiar mi voluntad.

Sin embargo no es tan sencillo. ¿Cómo podemos saber si el deseo de acabar con tu vida es permanente, o solo es un impulso momentáneo, que desaparecería si alguien en ese momento te impide matarte?

De los suicidas que sobreviven a un intento de  suicidio, los suicidios frustrados, existe un 30% que lo vuelven a intentar, señal que en ellos, el deseo de quitarse la vida era algo permanente, pero la inmensa mayoría, un 70%, nunca jamás lo intenta de nuevo y siguen viviendo su vida, arrastrando los motivos que les llevaron al suicidio, igual que los demás, que arrastramos los fracasos que nos esperan a lo largo de nuestras vidas.

Precisamente en estos días se ha subastado una carta que la escribió un suicida frustrado famoso, Charles Baudelaire (1821-1867), como paso previo de un intento de suicidio que fracasó. El Baudelaire de 23 años, es un huérfano de padre, no amado por su padrastro, que se siente humillado porque sus finanzas, son puestas bajo tutela judicial, por lo que está paralizado por las deudas, y presa de las dudas sobre su genio literario.

Intentó matarse clavándose un cuchillo, pero fracasó, su cuerpo dolorido lo recogió su amante, la actriz haitia Jeanne Lemer, la amante “maldita” de Baudelaire, su “musa negra“, con la que mantuvo una relación ininterrumpida de 20 años, relación que acabará cundo el poeta, relativamente joven, muera de muerte natural.

Desconozco quien evito que el poeta muriera, quién curó sus heridas y evitó que se infectaran o se desangrara.

¿Hizo mal? – Mi repuesta es no.

En este caso, evitaron un suicidio que en un momento dado se veía como la única salida posible, pero que la historia demuestra que había otras salidas a la situación.

Es terrible pensar, que pese que las familias y la propia policía intenta ocultar en muchos casos un suicidio, bajo descripciones que eluden la palabra suicidio sustituyéndola por la mas suave denominación de “accidente”, se cayó por la ventana cuando intentaba arreglar le persiana, o murió al limpiar una pistola, o cosas parecidas, … Pues bien pese a esa realidad que desfigura los fríos datos estadísticos, en el año 2016, se suicidaron oficialmente 3.569 españoles, es decir que cada día que pasa, como mínimo 10 de nuestros compatriotas deciden dejar de vivir,

Para darse en cuenta de cual es la magnitud del problema del que estamos hablando, comparemos esta cifra con otros datos de muertes violentas. Según el INE, en ese mismo año murieron 1.890 personas en accidentes de tráfico y 282 por homicidios. Es decir tu tienes el doble de probabilidad de decidir suicidarte, que de tener una accidente mortal de carretera y es diez veces más probable que te suicides que alguien te asesinen.

Y no es solo la perdida de una vida “voluntaria”, es que el suicidio deja detrás de si el dolor de muchas personas absolutamente inocentes y ajenas a la decisión del suicida. En el círculo social del suicida, hay familia y amigos íntimos, que se quedan con una sensación de impotencia y culpabilidad sin el menor fundamento, pero que no por ello sea menos doloroso. Son los llamados “supervivientes” del suicidio, no porque el suicidio se frustrara, sino porque tienen que vivir, con el dolor inmenso, de sentirse al menos en parte culpable, de la muerte de un hijo, de una compañía sentimental, de un amigo personal.

El suicidio es tan viejo como el hombre y le ha acompañado a lo largo de toda la historia, pero hoy está en auge. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, si nada se hace, las cifras aumentarán un 20% en los próximos diez años. El problema es que nadie tiene claro que se puede hacer.

Se va a gastar una importante cantidad de dinero en prevenir los accidentes de tráfico, ahora mismo comienza una “dura” campaña de concienciación vial, en cambio casi nada se gasta en España en prevenir el suicidio, aunque como hemos visto, supone un riesgo el doble que la carretera. lo hay un ineficaz Teléfono de la Esperanza en manos de una ONG y poco mas. Y lo mas triste, cuando se ha hecho algo en alguna parte, el número de suicidios no ha disminuido, las campañas de prevención no tienen éxito. Tan solo en Finlandia, donde el suicidio alcanza cifras de epidemia, han conseguido bajar las cifras de suicidios mediante campañas preventivas.

En España a nivel nacional, a parte de la ONG Teléfono de la Esperanza, no hay ningún plan de prevención de suicidios, solo algunas zonas, como por ejemplo en Navarra, hay un protocolo de actuación.

Uno de los grandes problemas adicionales con que nos encontramos es que hay una creencia muy generalizada, que hablar de suicidios en los medios, genera suicidios, razón por la cual las autoridades  son reacias a aprobar campañas de prevención. Otro problema es la falta expertos en el tema, incluso entre psicólogos y psiquiatras. En Psicología, no existe especialidad de atención a probables suicidas.

Con el problema añadido, que el suicidio, es el final resultado común de muchas causas enfermedades psicóticas diferentes, que nada tiene de común entre si y que por tanto precisan de tratamientos que tendrían que ser en cada caso diferente.

Hay en casos, (algunos estudios lo cifran en el 75% de los casos, se debe a una enfermedad mental, pero hay en otros que se generan en la aparición de un desajuste emocional. La depresión es la el motivo más habitual, las personas con depresión, sobre todo si son jóvenes, tienen frecuentemente ideas suicidas.

Sin embargo rara vez el suicidio es un arrebato momentáneo, sino que al contrario se va gestando poco a poco a medida que el paciente se ve incapaz de encontrar alternativas. Para ellos, el sufrimiento es tan insoportable, que se obsesiona por librarse a cualquier precio de él, pero nadie quiere morir, porque la supervivencia es un profundo sentimiento arraigado en cualquier ser vivo.

Por ello hay un periodo de tiempo en el que se podría intervenir. Si sabemos identificar ese intervalo de tiempo, aunque hay gran riesgo de equivocarse, porque cada enfermo es un mundo, cabría reforzar las razones para vivir que el enfermo no consigue ver y eso sería un tratamiento muy eficaz.

Hay señales reconocibles que pueden avisar que alguien puede estar teniendo ideas suicidas, grandes cambios de estado de ánimo, en cambios en sus hábitos, en su forma de dormir, en el apetito, despedirse de amigos y parientes,…    Muchos han ido al médico últimamente diciendo que no está bien sin tener una enfermedad específica,…

Lo primero de todo es que debes tratar de establecer un diálogo con el enfermo, que ya de por si es terapéutico, porque en gran medida “desbloquea” al enfermo de sus obsesiones. Diálogo que no tiene por qué ser con un profesional, lo puede realizar un familiar o un amigo.

No tengas miedo a preguntar directamente si está pensando en el suicidio, porque si tu no das sensación de seguridad y tranquilidad, él no te va a contar nada. y cuenta lo que aquí he contado, que el 70% que sobreviven a un intento de suicidio, nunca mas lo vuelven a intentar, señal de que sus problemas tenían otra salida aparte de la muerte. Y posteriormente dirígelo hacia un facultativo, si consigues que vaya a una sesión con un psicólogo o un siquiatra, has conseguido mucho, pues le has indicado marcado una posible solución, diferente a la única que él había encontrado. 

 

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7 noviembre 2018 - Posted by | General

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