Felix Maocho

Para quien le interese lo que a nosotros nos interesa

Jean Béraud, pintor del París de la “Belle Époque”

Autorretrato hacia 1909 Por Félix Maocho
11/12/2016

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Jean Béraud (1848- 1935) es un pintor francés famoso por sus pinturas sobre la vida de París a principios del Siglo XX en la llamada “Belle Époque”, el periodo que transcurre entre la Guerra Franco-Prusiana y la primera Guerra Mundial.

Sus pinturas recogen, escenas de las calles de París, la vida nocturna, los Campos Elíseos, los cafés, Montmartre las orillas del Sena, … .Finalizando su carrera, cambió de tema e inicio una serie de cuadros de tema religiosos en un ambiente contemporáneo que asombraron ý escandalizaron por igual a sus contemporáneos.

Nació en San Petersburgo, donde su padre, escultor francés, se había desplazado para trabajabar en la construcción de la Catedral de San Isaac. A la edad de cuatro años, falleció su padre y su madre, decidió volver a Francia y estableciéndose a familia en París, donde pasó el resto de su vida.

Estudió Derecho para con la intención de trabajar como abogado, pero un cambio de fortuna debido a la guerra franco-prusiana, le obligó a dejar los estudios.

Con facilidad para el dibujo, en 1872 y con 24 años , decidió hacerse pintor y comenzó aprender pintura en el taller Léon Bonnat , un afamado pintor de ese momento, que tenia su estudio en.Montmartre,

Al año ya se considera preparado, abandona el taller y expuso por primera vez en el Salón de París. Aunque también realizaba otro tipo de obras, como temas mitológicos. pronto fue considerado un buen retratista, pero como tantos otros que había en París.

 

Blanche Vesnić (née Ulman)

 

(1874)

Pero es en 1876 cuando alcanza notoriedad con un cuadro, “La Vuelta del Entierro”, que llamó la atención por la originalidad del tema. Muestra el fin de un funeral, los deudos vuelven a sus asuntos y la vida reanuda su curso, un hombre encendiendo un puro, los otros charlando,..

La vuelta del entierro  (1876)

A partir de ese momento casi todos sus cuadros son escenas parisinas de la vida diaria durante la Belle Époque. El suyo es un estilo que pudiéramos considerar pre en un estilo que podemos considerar pre impresionista a cabalio entre el arte académico de estudio de épocas anteriores y la pintura impresionistas que le seguiría. Las pinturas de Béraud suelen ser una visión algo burlona burla, de la auténtica vida parisina de finales del siglo XIX,

Muchos cuadros reflejan el ambiente en las calles.

La Modiste Sur Les Champs

Sortant De La Madeleine, Paris

Home, Driver

Como al vida en los bares y espectçaculos nocturnos.

Café Gloppe

Le Cafe de Paris

La Lettre (1908)

Béraud alcanza cada vez más reconocimiento de sus contemporáneos, podíamos considerarlo el pintor de moda de la burguesía francesa, ello le lleva a exponer muy a menudo, lo que ha dejado una gran cantidad de obras suyas. En 1887 es nombrado Caballero de la Legión de Honor, con lo que pasa a ser oficialmente como un intelectual de reconocido prestigio.

Personnages

Au Bistro

La Partie De Billard

Sorprendentemente, en pleno éxito, probablemente tratando de renovarse, abandona la pintura de paisajes y ambientes mundanos y presenta un cuadro que causa sorpresa, La Madeleine chez le Pharisien, dónde se mezclan figuras bíblicas y personalidades contemporáneas, como Ernest Renan o Eugène Chevreuil.

La Madeleine chez le Pharisien (1891)

Jean Beraud  se inspira en el Evangelio de San Lucas (8, 49), en la que durante la visita de Jesús a Simón el fariseo al una “mujer pecadora” ungió los pies de Jesús con un gran perfume precio después de la mojada con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Sin embargo, la escena es contemporánea, se produce en 1891, en un interior burgués: Renan (centro de la mesa, con una servilleta en su cuello) preside una cena donde hay muchas personalidades parisinas, el químico Eugène Chevreul (muerto en el año anterior 103 años) con gafas y patillas canosas, y el hijo de Alejandro Dumas, apoyado en el respaldo de una silla. En esta cena asiste Cristo, cuyas características fueron identificados de inmediato con los de la periodista y activista socialista Albert Quercy-Duc (1856-1934), a cuyos pies se inclina a la hora del café, una Magdalena arrepentida que no es otra Liane Pougy, conocida mujer mundana, que, en la vida real verdaderamente arrepentidos, terminó sus días en un convento.

Con este cuadro propone una lectura del Evangelio adaptada a la sociedad de su tiempo, escena que escandalizó y desconcertó a la crítica. Este cuadro, fue el primero de una serie que duro varios años, de cuadros religiosos.

 

En 1894, fue ascendido a funcionario de la Legión de honor. Expuso desde entonces sobre todo en el extranjero. A principios del siglo XX, se ha pasado de moda como pintor, Aprovechando su imagen de intelectual, se dedica casi por completo a su trabajo en la Sociedad Nacional de las Bellas Artes, y también en numerosos Comités de Organización de exposiciones, y jurados, dedicando muy poco tiempo a la pintura.

Béraud alcanzó la popularidad, su amigo Guy de Maupassant lo llamó “adversarios adorable”. Sin embargo, hoy su trabajo es completamente ignorado por los historiadores del arte de esta época. Pasada la Primera Guerra Mundial, su obra pasa a ser como la encarnación de la pintura comercial, que pinta al dictado de los gustos de la clase media. Quizá ayudo a ello la última trayectoria de ssu vida profesional, pues los cuadros de tema religiosos son mucho mas l salido de los últimos estertores del romanticismo que la pintura que el habia ido efectuando hasta estonces, muco más preocupada por el colorismo y mucho menos estática que la posteriór.

Sin embargo la crítica era injusta con el, la misma temática sobre la vida urbana la trataron en abundancia también los impresionistas como su amigo Édouard Manet (1832-1883), y Edgar Degas (1834-1917), o Maurice Utrillo, (1883 – 1955), por otra parte, su estilo pictórico y su modo de componer se transformaron en un clásico seguido por muchos pintores durante el impresionismo.,


“À la salle Graffard”, (!884)

Si vemos su cuadro a “À la salle Graffard”, (!884) la parte superior se oculta en una ligera niebla, mientras que los músicos y los espectadores se representan en el primero plano mientras que los ejecutantes se destacan contra un fondo más claro, mientras que la parte central del cuadro, la que te atrae la vista en el primer momento, la ocupa una extensa mancha roja. Esta composición fue muy imitada durante los movimientos artísticos posteriores.

Es normal que Jean Béraud, un pintor de moda de la “nelle Epoque”, que procura ser cortes amable y elegante y bien es verdad que eledu cualtema que suponga critica social o preocupacion por la dura vía que le rodea. Después de una época del mayor éxito de publico y critica, pase a continuación a ser paradigma de lo pasado de moda, no se concibe artista que no retrate la desigualdad social o el sufrimieto del pueblo. Las imágenes, los vestidos de la gente, las escenas etc., que en 1900 eran mundanas y elegantes, pasaron a ser ridículas e incluso ofensivas en 1920 y ello le supuso lógicamente la perdida de cotización, tanto económica como artística.

Escenas como estas, son desprecidas en los albores de la Revolución Rusa, pese a la ironía que rezuman

La Sortie du bourgeois

Jeune femme traversant le boulevard

 

Pero además tuvo la mala suerte de coincidir su ocaso el momento de mayor “fulgor” de las los grandes pintores de las vanguardias posteriores, el Impresionismo, el cubismo,… Difícilmente se volverá a encontrar una ciudad París y una una época, la de entre Guerras, con tantos genios como se han dado entonces, esto también ha contribuido mucho al olvido de su figura.

Hoy, cuando el correr del tiempo ha transformado el pasado de moda, en antiguo, nuevamente somos capaces de valorar en su medida la calidad de este pintor, y nos es fácil reconocer en él su notable capacidad para captar en su obra paisajista urbana, el espíritu del París de comienzos de siglo XX La pintura de Jean Béraud es el medio ideal para reconstruir el ambiente de las nostálgicas “promenade parisien” como las describió su amigo Marcel Proust en “À la recherche du temps perdu“. Sus cuadros son el más perfecto y tópico e reflejo del París de “La Belle Époque“.

Félix Maocho

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11 diciembre 2016 - Posted by | Pintura | ,

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