Felix Maocho

Para quien le interese lo que a nosotros nos interesa

Huerto familiar – Cultivar menos y dejar a la naturaleza trabajar tranquilamente

Por Félix Maocho
13/3/2016

Quien me lea sabe que no soy muy dado a comulgar con “moderneces”, en este blog me he permitido dudar de los principios que predicaba el “santón del huerto ecológico” Masanobu Fukoaka, en especial de su principio de no podar los árboles, porque sé por experiencia propia, que un frutal que no se le poda, en muy pocos años reduce su producción en una cantidad dramática y en algunos mas, simplemente se seca.

Basta observar los campos abandonados donde se cultivaron almendros, para ver el fin que les espera a los frutales que no se les poda.

Todas las teorías ecologistas se estrellan ante la realidad, de que las pocas decenas de especies que hemos domesticado, han sufrido tantos cambios debidos a la sistemática selección realizada por el hombre, que si por un lado, han conseguido producir productos para muestro beneficio en una proporciones inmensas, comparadas con lo que producían originalmente en estado salvaje, ha sido a cambio de necesitar imperativamente para su desarrollo, el cuidado del hombre. Las especies domesticadas no pueden sobrevivir sin la ayuda del hombre, Este es un hecho experimental que podemos hacer fácilmente cualquiera para comprobarlo.

Esta realidad invalidan las teorías de cultivo de Fukoaka, pero no invalidad el fondo del pensamiento que dio a lugar a aquellas teorías, el pensar, que muchos de los trabajos agrícolas que se ejecutan son innecesarios y penosos, y además destructivos.

Igual que conozco lo que ocurre cuando cesa en el cultivo de los frutales, también conozco lo que ha supuesto el comienzo de la mecanización del campo. Con la llegada de los primeros tractores, por primera vez en milenios, la capa de suelo cultivada superaba los 5 o 6 centímetros que penetraba el arado romano por los 15 o 20 que descendía la reja del arado que arrastraba el tractor o incluso los 50 cm. que se llegaban a profundizar mediante cultivadores que se utilizaron profusamente en roturar las tierras.

Las consecuencias de ellos fueron muy prometedoras en los primeros años, sacadas a la superficie nutrientes que habían permanecido durante milenios enterrados, y con una capa esponjosa mucho mas profunda donde retener la humedad, las plantas encontraron mejor alimentación y dieron cosechas mucho más grandes que en el pasado.

Sin embargo, algo nos debía haber dado que pensar, en aquellas primeras aradas, (puede verse en viejas fotografías), una mirada de pájaros seguían a los tractores, pues las rejas, no solo traían a la superficie los depósitos de minerales, sino que desenterraban todo un hábitat subterráneo y llevaban a la luz, lombrices que eran pasto de las aves. Y con ellas aunque fuera de forma menos visible, también desenterraban hongos y bacterias de hábitats alejados de la luz y muy pobres en oxígeno y silenciosamente y sin darnos cuenta estábamos esterilizando nuestros suelos con oxígeno y rayos solares.

Las consecuencias están hoy a la vista, hoy a nuestros tractores no les sigue ningún pájaro, porque la probabilidad de que desenterremos nuevos lombrices, es tan baja, que no merece el gasto de energía de revolotear detrás del tractor y nuestras tierras se están transformando cada vez más, en un vasto terreno hidropónico, que cierto es, retiene mejor la humedad del agua de lluvia, pero que se ha transformado en un soporte lavado y estéril, al que, para que nuestras plantas puedan prosperar, nos vemos necesitados de aportar cada vez más y más abono. Indudablemente algo hemos hecho mal.

Por ello, creo que es el momento de iniciar la búsqueda de un punto de equilibrio entre el cultivo intensivo y el no cultivo de Fukoaka, pues como en casi todo, en el punto medio está la virtud.

En este sentido parecen muy interesantes los experimentos realizados por algunos agricultores tratando de encontrar este punto de equilibrio. Según nos informa el blog de Traxco -intermedios en Francia en una granja situada en Sologne, se ha mejorado la fertilidad de un suelo arenoso, mantiene una cubierta vegetal permanente. Se amplia el ciclo de rotaciones a seis años, en el que dos cultivos de cereales y uno de maíz, se alternan con cultivos intermedios de leguminosas. El suelo siempre se mantiene cubierto a base de cultivar “abonos verdes” como avena brasileña, trébol, trébol de Alejandría, arvejas, habines, alfalfa, altramuz, colza, rábano japonés, rábano forrajero, trigo sarraceno, lino, girasol negrillo y facelia,

Se ha observado que las plantas mejoran la estructura del suelo, entierran los nutrientes, las raíces profundizan en el terreno mejorando el drenaje y la retención del agua. Las plantas luchan contra los parásitos y las leguminosas aportan nitrógeno, mientras que la permanente cubierta vegetal reduce la lixivación. En la superficie, las plantas compiten por la luz, bajo tierra, por los minerales y el agua, y en consecuencia su sistema radicular profundiza en el terreno.

En otoño. al inicio y mediado el ciclo de cultivo se aplican abonados conjunto con la siembra. Se esparcen 100 Kg de gallinaza junto las semillas de trigo y el maíz se acompaña de un abonado localizado de nitrógeno. Además se distribuye 30 toneladas de compost cada tres años. A eso se suman las 4 a 5 t/ha de biomasa acumuladas por los cultivos intermedios. Con ello el índice de materia orgánica en el terreno ha mejorado, y la fertilidad es buena, haciendo productiva la explotación.

Igualmente otro cultivo en Alemania, en Zollchow, se suma a este tipo de experiencias. Una explotación de 400 ha y 300 vacas, actualmente solo utiliza el arado para el cultivo de la remolacha azucarera. Igualmente busca conservar la cubierta verde con la siembra de cultivos intermedios. Hacia el otoño cubren la tierra el girasol, lino, facelia, rábano, altramuz y raigrás inglés. Y en noviembre, un rebaño de ovejas entra a pacer la hierba de la parcela.

Los cereales como el trigo y el centeno, se cultivan acompañados de una cubierta a base de una mezcla de raigrás italiano, arveja de invierno y trébol encarnado. Cosechan en verano el cereal y tras la siega, en otoño se realiza una primera siega de 10 t/ha de hierba fresca destinada al ensilado. Una segunda siega la lleva a cabo un poco antes de la siembra del maíz, con un rendimiento similar.

En resumen, tanto en uno como en otro lugar, se pretende dejar que sea la propia naturaleza la que haga gran parte del trabajo, reduciendo mano de obra y consumo energético. Con este medio se consume un 75% menos de combustible y un 15% menos de productos fitosanitarios y evita la erosión relacionada con el viento, aparte del ahorro en desgaste de los tractores y aperos. Todo ello hace que el descenso de producción se compense con los ahorros generados con la medida.

Es de resaltar que estos experimentos no están basados en un mesianismo ecologista, sino de una racional meditación sobre la cuenta de resultados de la explotación agrícola. Sin embargo poco de lo indicado es aplicable al Huerto Familiar, pues estas formas de cultivo se tienen que adaptar a la unidad agrícola, y al clima local, sin embargo la filosofía que lo soporta si es de aplicación universal y se puede extractar en los siguientes puntos.

Labrar superficialmente y no “marear” la tierra

Lo ideal en el Huerto Familiar es practicar la técnica del “bancal profundo”, donde por una sola vez se realiza un profundo, (e inevitablemente postraumático), cambio en la superficie de la tierra en una profundidad, que una vez establecido el nuevo nivel al airear la tierra sobrepasa fácilmente los 60 cm. de profundidad.

A partir de esa labor, se intenta no volver a modificar el bancal, evitando pisar el terreno y no labrando más que superficialmente, sin volver a revolver la tierra, pues precisamente lo que se pretende es que, ese mucho más esponjoso y aireado volumen, se colonicen y establezcan permanentemente los microorganismos y algunos insectos y gusanos que forman el hábitat de cada una de las capas de terreno sujeta a diferentes condiciones de luz, temperatura y oxigeno. manteniendo en lo posible estos elementos en parámetros lo más estables posibles.

La mejor práctica hortolano será cortar las plantas que ya no son útiles, o molestan, sean cultivadas o “malas hierbas”, a ras de suelo, dejando insertadas las raíces con el fin de que al pudrirse, creen finos canales de irritación y aireación en profundidad. Tan solo en los procesos de trasplante, sacaremos con el trasplantador un cilindro de tierra del bancal para sustituirlos con la tierra rica en nutrientes, que rodea a las raicesraíces de los plantones.

En las siembras directas, nos limitaremos a abrir hoyos de la profundidad debida enterrar en ellos las semillas. Sólo con el fin de enterrar material orgánico o abono, removeremos la superficie de la tierra, en la profundidad imprescindible (5/7 cm.) Ahorramos con ello mucho esfuerzo físico a la vez que ayudamos a conservar los diferentes hábitat que se forman en la superficie de cultivo.

Mantener la tierra ocupada.

La tierra como mejor se conserva es produciendo un cultivo, aunque el objeto de este no sea mas que reabsorber los elementos nutricionales que se van generando para volver a ser enterrados posteriormente y volver a participar nuevamente en los ciclos biológicos naturales. Debemos tener un cultivo alternativa para los momentos en que la tierra quede ociosa por haber acabado su ciclo el cultivo principal.

Será conveniente tener semillas de rápido desarrollo para cubrir los terrenos que queden en baldío. Como es un cultivo de sacrificio y no buscamos en principio nada más que cubrir la tierra por tiempo indefinido, pero normalmente corto, conviene tener una mezcla de semillas de rápido desarrollo de las principales familias, cereales, leguninosas, … como pueden ser avena, trébol, arvejas, alfalfa, altramuz, colza, rábano, trigo sarraceno, lino, girasol, …

Se siembran como quien echa sal a la tierra, lógicamente en tal cantidad, muchas semillas no podrán competir y perecerán ahogadas por las otras, pero la tierra soportará tantas como le sea posible. Llegado el momento de sembrar lo que son los cultivos principales, una siega dejará el terreno libre de plantas competitivas y mientras sus raíces comienzan a descomponerse en alimentos de los microorganismos, el lugar que ocupaban se transforman en finos canales de paso de agua y aire, la parte aérea pasa a formar parte de la parte verde que debe tener un buen compost.

Importancia de la rotación de cultivos.

La rotación de cultivos permite aprovechar mejor los nutrientes del suelo pues cada cultivo consume en diferente medida unos u otros nutrientes, por tanto el sembrar repetidas veces el mismo cultivo “castiga” el consumo de determinados nutrientes.

Sin embargo, si labramos poco y buscamos mantener con cuidado los microorganismos del terreno, hemos de cumplir rigurosamente los ciclos de cultivos, pues igual que cuidamos los hongos y bacterias beneficiosos para nuestros cultivos, cuidamos los perjudiciales, de modo que los herederos de las plagas que padeció un cultivo, en muchos casos continúan en el mismo terreno donde prosperaron las anteriores generaciones.

Si rompemos la cadena, no cultivando el mismo cultivo, estas nuevas generaciones de depredadores, generalmente muy especializadas en una especie o familias de especies, no encontrarán huésped adecuado a su subsistencia y perecerán sin necesidad de ningún “fitosanitario”, de modo que cuando pasados unos años, volvamos a sembrar nuevamente la especie huésped, no sobrevivir nada mas que una parte ínfima y inapreciable de estas plagas.

Por ello en huertos de bancal profundo, la estricta observancia de los ciclos de cultivos es norma casi obligada, mientras que en otros tipos de huertos, en los que se labra más profundamente es tan solo un buena práctica.

Reciclar, reciclar, reciclar.

Debemos reducir lo que “robamos“ al huerto a lo imprescindible, a aquellas parte de la cosecha que realmente consumimos en nuestra cocina, partes que con frecuencia son frutos o semillas, que solo suponen una parte menor de la biomasa de la planta, por parte una parte reducida. El resto de la planta debe volver al huerto, las raíces quedar en el terreno y la parte aérea no comestible, en nuestra compostera.

La compostera es el mejor lugar donde añadir abono nitrogenado, en el caso que los restos que llevemos sean poco verdes, y muy celulósicos, una pequeña adición de abono nitrogenado equilibra el contenido y permite una mejor trasformación de los restos vegetales.

Ni que decir que el complementar la compost con una vermicompostdora, mejor que mejor. La ganadería, de vermes, gallinas, conejos, etc es el mejor complemento al huerto familiar.

Félix Maocho

Vía Traxco 

13 marzo 2016 - Posted by | Horticultura |

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