Felix Maocho

Para quien le interese lo que a nosotros nos interesa

Huerto familiar – Educar y alimentar un perro

20141018_115842Por Félix Maocho 
29/1/2015

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Quizá porque nos guste la naturaleza en todas sus vertientes, los aficionados al huerto tenemos perro con mas frecuencia que la media de la población. Claro está, que también facilita el tenerlo, el hecho de que el que posee un huerto, se libra del único incordio que produce el perro, el tener que sacarlo a pasear.

No cuesta buscar un rincón discreto del huerto, donde el perro pueda hacer sus necesidades sin molestar a nadie e incluso, contribuya en algo a aumentar los niveles de nitratos y residuos orgánicos del huerto.

Al mío, le acostumbré a hacerlo en una zona “ajardinada”, (es un decir), cubierta con “uñas de león”, (Carpobrotus edulis), una planta tapizante de poco cuidado y escasa necesidad de agua, que cubre y disimula los excrementos del perro sin mayor problema.

Enseñarlo a hacerlo allí, fue muy sencillo, como en Madrid, basta que me vea con la correa en la mano para saber que le voy a llevar a dar el paseo, cuando la saqué atada y le puse entre las “uñas de león”, entendió al punto, que ahí era donde yo quería que hiciera sus necesidades. Así la llevé tres o cuatro veces mas a las mismas horas que acostumbra a salir en Madrid, hasta que lo tuvo claro y era ella, la que tiraba de la correa hacia allí nada más salir al huerto. A partir de entonces, cuando quería hacer algo, ella sola se iba a esa parte del jardín.

Me costo más quitarle otra manía, que era comerse plantas que yo sembraba. Mi perra, como todos los perros, necesitan purgarse, por eso en Madrid, la llevo a teóricas zomas verdes abandonadas a su suerte, en las que hay muchas “malas hierbas”, mas bien vegetación autóctona. Lo malo es que ahí la dejo comer las plantas que prefiriera y eso mismo pensó que podía hacer en el huerto.

Mi perra no me hace ni el más puñetero caso, pero si entiende cuando me enfado. A las pocas broncas que le di, aprendió que si quería verme trabajar, (y estoy convencido que como buena perra española, eso es lo que más la divierte), podía hacer algunas cosas, como correr a los pájaros que se posaran cerca, o morder un palo seco que encontrara, pero de ninguna manera comerse las plantas que había en el huerto.

Y así, al cabo de un tiempo, aprendió a comportarse sin problema en el huerto y a disfrutar de lo que podía hacer, como mojárse lo que quisiera en la manga del agua,, así como no hacer, lo que no la iba a dejar hacer. De esa forma, que se transformó en una permanente compañera, absolutamente inútil, bien es verdad, pero que hace compañía y que siempre está atenta esperando, que te sientes a descansar, para venir a refrotarse en tus piernas, a ver si tienes suerte y juegas con ella un rato, al interminable juego de tirarla un palo para que lo recoja.

En Madrid, cuando un niño me pregunta de que raza es, (tengo comprobado que eso solo lo preguntan os niños de asfalto), para no defraudarlos, digo que este perro no tiene raza, porque es de diseño. pero lo cierto es que esta perrilla es el típico chucho, al que salvamos de una muerte cierta. Sospecho que ella no lo sabe, pero pese a ello, se porta de tal forma, que su agradecimiento no es menor y especialmente a mi, me adora.

Nació en una dehesa extremeña, donde hay dos tipos de perros, los pastores, perros listos como el hambre, capaces de conducir y manejar, siguiendo las voces que les dan los mayorales, animales cien veces más grades que ellos, y los perros de jauría, infatigables perros de caza, incansable en el correr y de fino olfato, capaces de no dejar un metro cuadrado de brañas sin escudriñar, para levantar y dirigir los venados y jabalíes hacia los puestos de la cacería.

Mi perrilla, fue casi seguro, (no lo se a ciencia cierta), el fruto de los amores ilícitos de un astuto perro pastor y una perra de la jauría y como explica Mendel, sacó lo peor de ambas razas, la mediana inteligencia de los podencos y la menor envergadura y fuerza de los perros pastores. De olfato no debe andar mal ,porque encuentra todo tipo de porquerías en la calle. Con ello con seguridad su destino habría sido morir, pero unas hijas de un amigo común, se encariñaron de aquel cachorro todo negro y de pelo largo.

37 cancela entrada principalYo por entonces, buscaba un perro, porque mis hijos se han ido ya de casa y dejaron un gran hueco sentimental y físico y porque, encontramos la coartada, de que cuando vamos a la finca, estamos casi todo el día fuera de casa y no oímos el timbre de la verja, ni el del teléfono que suenan en el interior de la casa y necesitábamos un perro pequeño para que cupiera en el coche, de fino oído, que ladrara cuando sonara un timbre.

Todas esas expectativas las cubre sobradamente el chucho. Ladrar, ladra a rabiar cuando oye cualquier timbre y pequeño lo es, no pasa de los seis kilo, con lo que mi mujer también puede sacarla de paseo sin que la tire al suelo, aunque eso es teórico, pues quien la saca a pasear, casi siempre soy yo.

Lo malo es que queríamos un perro de pelo corto y esta perra, no sé de que genes, ha sacado un pelo negro fino y sedoso y algo ondulado, que ni la calienta ni la libra del agua, parecido al que puede tener una filipina, y claro, en un terreno árido, cada vez que volvemos a casa tengo que cortarla con las tijeras, los mechones en el que se les han enredado, las múltiples semillas salvajes que encuentra en sus correrías.

Por lo demás bien, No es muy inteligente, pero tampoco es tonta y yo tampoco he intentado enseñarla cosas, como dar la patita, o llevar el periódico en la boca, cosas que es posible que llegara a aprender a hacer, pero que a mi, me parecen poco dignas para un perro serio que no trabaja en el circo. Mi mujer, me acusa de que no la educo, y me queda más remedio que darla la razón, bastante luché para educar a mis hijos, para que ahora en la ancianidad, me dedique a educar un chucho.

Con que tenga un comportamiento correcto, suficiente para convivir con nosotros, tengo bastante. Es cierto que la llamo y cundo quiere se hace la sorda, pero no es mas mi menos, que lo que yo he hecho toda mi vida.¿Cómo la he de criticar por ello?

Así que la consiento, claro que la consiento. Mi mujer le da solo un pienso adecuado a su peso, algo que parecen piedras, que debe ser muy sano, pero que a la perra la gusta solo si tiene hambre. cuando se le apacigua, deja de tomarlo. Añadimos siempre un poco de una especie de “paté” que venden en latas y eso si que la entusiasma, pero como no queremos que engorde, pues ejercicio hace poco, se lo racionamos bastante, (sobre todo se lo raciona mi mujer, que es la que la prepara la comida).

Yo para compensar, a veces le doy otras cosas, la encantan las galletas María clásicas, pero como mucho la doy media galleta, porque no estoy seguro que lo dulce la siente bien. Le pregunté al veterinario y, como si fuera germánico,…  me dijo que la dé solo pienso para perros.

Seguramente tiene toda razón, pero si yo, que estoy en constante régimen de adelgazar, me tomo varios cafés al día, una copa de vez en cuando y de guindas a peras me doy un homenaje, ¿Voy a condenar a un perra, a comer toda su existencia, un día detrás de otro, lel mismo pienso?.

Fundamentalmente, como es lo adecuado, sólo doy pienso a mi perro, además animalear.com me ha enseñado lo que no puedo darle nunca de comer.  En la dirección que indico, encontrarás un pdf gratuito que os invito que os lo bajéis de la red, porque tiene la lista de los alimentos “prohibidos” para el perro, algo que ademas con mucha frecuencia no tenemos en cuenta y que les damos con la mejor intención del mundo.

Yo sabía que la leche y el chocolate, no son adecuados para las mascotas, pero desconocía que las, cebollas, patas y tomates tampoco son buenos, así como que las galletas también pueden ser peligrosas, (incluso en su justa medida), no por el azúcar que contengan, sino por algunos edulcorantes que pueden llevar, algo extensivo a todo tipo de dulces, pasteles y golosinas.

Mucho me temo que mi chucho se ha quedado para los restos, sin galletas María, ni pastillas Juanola, otra de debilidades y yo también, pues a ver quien es el guapo que se come una galleta sin compartir, bajo la mirada suplicante de mi perro. La compensaré dejando más carne junto a los nervios de los filetes. Sea como sea, necesito conservar su adoración.

Félix Maocho

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29 enero 2015 - Posted by | Horticultura | , ,

2 comentarios »

  1. Soy en absoluto un malcriador de perros, siempre los he tenido, en la actualidad tengo dos perritas de cuatro años, una yorkshaire de 3,5 kg y una bichón maltés de 6,5 kg, ambas son la delicia de la casa, y aunque solo estan para compañia, dan más de lo que les podemos compensar en alimentos y veterinario, dan amor, cariño y hacen la compañia que todos necesitamos.
    Soy totalmente contrario a la caza y espectaculos donde se da un maltrato a los animales, solamente deseo que aquellos que se divierten o consienten tales salvajadas recibieran el mismo trato que ellos dan, no entiendo como puedan existir individuos que disfruten en esos actos de barbaros sin conciencia.
    En cuanto a nuestra alimentación de todos los seres vivos, es aberrante la concepción de tener que morir unos para vivir otras, más si ello se concibe con dolor intenso que se produce en un ser vivo para alimentarse.
    No soy vegetariano, pero estoy en desacuerdo con el concepto de vida que tenemos que es tal y como lo es.

    Comentario por ARMANDO | 29 enero 2015 | Responder

    • Pienso que es un pelín talibán en el tema. A mi no me gusta la caza y me desagradaría disparar contra un ciervo, pero por otro lado reconozco que si no se hicieran cacerías, los ciervos y los jabalís se terminarían transformando en una plaga. Dejemos por tanto que a quien le guste esa actividad la practique y a quien no le guste se conforme con observarlos con prismáticos y quey quien vive de las cacerías y por ello cuidan a de esos animales, para que estén sanos y se reproduzcan, obtenga una compensación económica de sus desvelos.

      En cuanto al vegetarianismo me parece perfecto, como opción personal, nada tengo que objetar sobre quien desea llevar una vida vegetariana o incluso vegana. Lo que no quita que no entienda bien la mentalidad de unos señores. que se niegan comer vaca por amor a los animales, pero no tienen el menor escrúpulo en utilizar zapatos cinturón y cartera de piel.

      Comentario por felixmaocho | 29 enero 2015 | Responder


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