Felix Maocho

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El fabuloso Concierto de Año Nuevo desde Viena

Por Félix Maocho 5/5/2014 La mayoría de lo que llamamos “tradicional” no tiene doscientos años de vida. Costumbres declaradas “Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO” y otros título rimbombantes, son con frecuencia actos que se remontan a muy pocos quinquenios. Una de las “tradiciones navideñas” más arraigadas es el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena (Das Neujahrskonzert der Wiener Philharmoniker), que se transmite por televisión en la mañana del 1 de enero a una audiencia potencial estimada en 1.000 millones de personas de 54 países y en el que la casi toda la música son obras de la familia Strauss. Dentro de esta “retransmisión tradicional”, conviven a su vez otras “tradiciones”, como es que inevitablemente haya bises, o propinas que no están incluidas en el programa, después del programa principal, o que los músicos felicitan a la audiencia el nuevo año después de una “entrada en falso”, para a continuación tocar el vals de El Danubio Azul y finalizar con la Marcha Radetzky, coreada con palmas por la audiencia. Todo eso que se nos parece tan unido de siempre a la Navidad, como pueda serlo la Lotería del Gordo, los renos de Papa Noel, o el turrón, no tiene ni 100 años de antigüedad, El primer concierto de Año Nuevo se celebró en 1939, el siguiente se hizo dos años después, en 1941 y es a partir de entonces que se celebra todos los años, incluso durante los duros años de la II Guerra Mundial, en el que Austria estuvo envuelta con un papel protagonista.

El “tradicional” cierre con el Danubia Azul y la Marcha Radeskies son de 1958, y lo introdujo el director Boskovsky, que durante 25 años consecutivos dirigió este concierto y que en gran medida es el creador de su formato. A él, le siguió Maazel, con once años consecutivos en la dirección, para a partir de ese momento, introducir una nueva “tradición”, invitar a a dirigir ese concierto a directorwa de orquesta carismático que estén de moda entre los melómanos en cada momento. Gracias a ello, ha sido dirigido por directores como Herbert von Karajanmm (1987), Claudio Abbado (1988 y 1991) o Zubin Mehta (en cuatro ocasiones, 1990, 1995, 1998, 20079 y que vuelve a estar designado para el 2015.

Fue a partir de 1959 que se inició la transmisión en directo por televisión del concierto, lo que le ha dado su formato diferencial definitivo, (de momento), pues introdujo secuencias de ballet, para “aligerar” la larga retransmisión del concierto, con imágenes más variadas que la continua de los músicos tocando sus instrumentos.

El ballet, por supuesto, es algo que ven los telespectadores, pero no los asistentes al concierto, así que si quieres oír a los .Strauss, con absoluta perfección a la sala del Musikverein, pero si lo que quieres, es ver las maravillosas coreografías basadas en los valses de los Strauss, quédate en el salón de tu casa viendo la televisión.

En el 2007, hace solo siete años se introdujo la “ultima tradición” aun no consolidada del todo, el ballet que acompaña al Danubio Azul, que habitualmente era grabado, pasa a celebrarse también en directo, por los salones y pasillos de la Musikverein y alguno los intérpretes, entra al final en la sala de conciertos saludando al público y la orquesta.

No siempre los bailarines entran en la sala y no todas las secuencias son en directo. Parece que la tendencia en los últimos años es mezclar escenas en directo dentro del edificio, con escenas previamente grabadas de exteriores, tanto en jardines como de otros palacios de Viena y que lo que se está imponiendo. es finalice el baile del Danubio Azul, con la entrada en la sala de conciertos de alguno de los bailarines del ballet.

Si comparamos los videos de retransmisiones de diferentes años y somos observadores, tenemos la oportunidad de estudiar como nace y se consolida una “tradición” y llegar a valorar la importancia sentimental, política y económica que tiene estas “tradiciones” para aglutinar y dar señas de identidad a los ciudadanos, así como lo eficaces que son como desde un punto de vista publicitario la existencia de estas “señas diferenciales· de un territorio.

Los políticos responsables de mantener este tipo de “tradiciones”, deberían pensárselo dos veces antes de destruirlas por el hecho de haber sido creadas por anteriores regímenes, pues aunque sean de antes de ayer, se necesitan por lo menos 60 años para levantar y consolidar este tipo de actos. Ya nadie se acuerda que el Concierto de Año Nuevo fue un invento de la Austria nazi, pero todos tiene presente que tanto este concierto como la otra “tradición” austriaca, el Torneo de los 4 Trampolines de Saltos de esquí forman partee inseparable de la Navidad Austria.

Austria ha hecho de este concierto el mejor cartel publicitario de Viena. Hoy parte de la sala se llena con turistas venidos de todos los puntos,  que no dudan en pagar grandes sumas por el desplazamiento, hoteles y entrada al concierto, pero con ser ya esto importante para el turismo Vienes, la exhibición en todo el mundo de los palacios y jardines vieneses, hechas con motivo de la retransmisión del ballet, es uno de los mejores carteles publicitarios de Austria, que por otra parte complementa con el lucimiento de sus magnificas pistas de esquí, esta vez junto con Alemania en el “tradicional” Torneo de los 4 Trampolines de la Navidad austriaca.

Como ven, aun tenemos mucho que aprender de como se promociona el turismo del país. en 1000 millones de hogares y que encima, los derechos de retransmisión, paguen la factura de la promoción. Les dejo con la retransmisión del Danubio Azul de 2012 dirigido por Mariss Jansons.

Como viejo profesional de la televisión, no puedo menos que valorar la forma como se supera la dificultad de esta retransmisión, Aparte de que la orquesta y el ballet, este formada por profesionales de altísimo calidad , y que tanto los directores de orquesta como el coreógrafo sen sencillamente fuera de serie, pues solo genios son capaces de montar en la duración sola pieza musical, toda una historia sobre los sueños que el palacio despierta en la mente de una joven visitante, me asombra la solución técnica dada a los problemas que plantea esta retransmisión en directo.

Por un lado me envidia, la utilización de las pequeñas pero potentes cámaras robotizadas actuales. que permiten obtener por igual primeros planos de las manos de un músico, como los planos generales en picado de la sala de conciertos en su conjunto, sin que estas cámaras molesten en absoluto, tanto por su silencioso funcionamiento, como por su mínimo tamaño, ni en el que hacer de la orquesta, ni a los espectadores del concierto.

Es solo un avance técnico habitual en los tiempos que corren, pero no puedo menos que compararlas con las cámaras de mis tiempos de trabajador de televisión, donde manejamos pesadas cámaras colocadas en trípodes con ruedas, que había que manejar entre dos personas el cámara que movía mientras enfocaba y encuadraba la escena y un ayudante que arrastraba los cables de conexión ahí donde hubiera falta para poder mover la cámara en la retransmisión.

Sin embargo, mi admiración no es solo sobre los avances técnicos, sino sobre todo de algo que no ha cambiado con el tiempo, la difícil labor de un realizador en una retransmisión en directo. Por si no fuera poco la tensión de realizar una transmisión donde cualquier fallo queda inevitablemente mostrado en la imagen que se lanza a la antena, en esta retransmisión hay que sincronizar la ejecución de una orquesta con la actuación, unas veces en directo y otras en grabación del ballet.

Y en la grabación permite repetir las tomas hasta conseguir la perfección, resulta muy difícil darlas la entrada en directo con tanta precisión o acierto, que las evoluciones del valer no difieran ni medio compás con la música que en directo que se toca en la sala. Pero no es menos complicado hacer los directos del baile, donde lo bailarines han de hacer movimientos con precisión milimétrica, para entrar en la escena en el momento preciso, mientras el personal técnico ilumina, (y no he llegado a descubrir cómo), los amplios espacios donde evolucionan los bailarines sin dejar que sombras vnlen la belleza de sus evoluciones.

En un estudio,incluso en un escenario hay parrillas donde poder colocar focos que facilitan tanto la involuciona directa como los contraluces que “matan” las sombras pero en un salón o un pasillo y menos si se trata de edificios históricos donde nadie te va a dejar poner un solo clavo en las paredes, la unica forma de iluminar (que yo conozco), es levantar focos apoyados en feos trípodes y andamiajes metálicos, ¿Donde ocultan todo esas estructuras en las escalinatas pasillos y salones de esos palacios?, ¿como consiguen iluminar las piernas de las bailarinas cuando en sus evoluciones se les levantan las faldas?.

He visto el vídeo varias veces, y he seguido con cuidado las ligeras sombras tratando de adivinar la formas que hna tenido de solucionar el problema pero hasta el momento no lo he conseguido. A lo mejor tu trines mas suerte, Mira el vídeo la primera vez disfrutando del maravilloso espectáculo que nos da la Orquesta molificar de Viena y la televisión austriaca, pero date el placer de dar un segundo visionado mas pausado con la ratón colocado en el Play y trata de descubrir la técnica que se oculta a los espectadores en esta maravillosa retransmisión.

Félix Maocho

5 mayo 2014 - Posted by | Cine y teatro, Música | , , ,

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