Felix Maocho

Para quien le interese lo que a nosotros nos interesa

Los papeles de Torre – La COPE

Por Félix Maocho
30/4/2014

Por lo que cuentan quienes han entrado en contacto conmigo, hay quien cree que estas historias son verídicas y quien cree que son un cuento. Yo no voy a aclararlo, por dos motivos:

1.- Realmente, no sé si lo que cuentan las historias es real o imaginario. A mí personalmente, unas me parecen las disquisiciones de una persona que está como una cabra, algo que en cualquier caso es seguro, pues de ser verdad, tambien será verdad que lo escribió por consejo de un siquiatra a modo de confesión civil. Sin embargo otras historias tienen visis de realidad.

Hay que tener en cuenta que selecciono las que me parecen más interesantes y con aspecto de verídicas, pues hay muchas que son un auténtico pestiño y otras que son claramente las elucubraciones de un loco.

2.- Después de lo de descubrirse lo que hizo Amedo, creo que nuestros gobernantes son capaces de hacer cualquier cosa, porque si aquello lo hizo un partido, que venia de fardar de 100 años de honradez, a los cuatro días de conseguir el poder, es decir cuando aún eran vírgenes, qué no serán capaces de hacer los que no nunca se proclamaron tan honrados y tiene ya el colmillo retorcido, cuando noten que sus días en el poder están contados si no toman decisiones drásticas.

3.- Todo lo que cuenten estos panfletos puede ser falso, de acuerdo. Pero, ¿si me pongo a investigar mas a fondo y resulta que es verdadero?, ¡Qué me puede pasar!

Así pues, si como espero no tenéis interés en ver flotando mi cadáver en el Manzanares, dar todos por sentado que esto que transcribo es falso, producto de los delirios de una mente calenturienta, pero por si acaso ser prudentes y no lo divulguéis más que entre gente de confianza.

Os he copiado otro nuevo caso de mi sicario. Como de costumbre no tiene nombres, pero creo que se refiere al acoso que sufrió la COPE y a las muertes repentinas casi seguidas de Encarna Sánchez Antonio Herrero, el tercero puede ser Luís Herrero pero quizá se refiera a José María García. Admito vuestras sugerencias al respecto. Lo que si es cierto es que los cutro atsigaban desde una radio que para colmo era de derchas como la COPE la gestión de José María Aznar y es seguro que él no se apenó por esas muertes.

Un saludo

* * * * * *

Quinto  escrito – La COPE
 Por Torre

 

Con frecuencia nuestros jefes no se conforman con acabar selectivamente con este o con aquel, sino que de repente les domina la soberbia del poder y enloquecen tratando de acabar con cualquiera que se interponga en sus planes.

En la última de estas epidemias, nos llegó la orden de acabar discretamente con los cabecillas de un medio de comunicación, primero acabamos con una lesbiana, que de hacer programas sensibleros para marujas, pasó a investigar y criticar en exceso las andanzas de otros, luego acabamos con un periodista de los que buscan en el sensacionalismo y la denuncia la forma de darse a conocer, y cuando ya teníamos todo ultimado para simular un accidente de tráfico para otro del grupo, llego la contraorden y paralizamos la operación.

De la lesbiana, se hizo cargo una compañera,  en este caso a mi solo me correspondió el papel de escolta y apoyo. Es una pena que no tenga una mejor pluma para explicar la labor de mi compañera. Fue toda una lección de bien hacer, casi  fue una  obra de arte. ¡Cómo se las arregló para encontrarse con ella!. ¡En que poco tiempo la cameló!. ¡Cómo consiguió que la otra fuera la que diera los pasos para acercarse a ligar!. Y por último. ¡Cómo la convenció para que se inyectara droga que ocultaba los virus que la provocaría una especie de cáncer fulminante e irreversible que acabó con su vida en pocos meses!.

Yo puedo hablar de primera mano, por que fui testigo de todo. Esta chica debería dedicarse al teatro, que naturalidad, con qué sencillez representó su papel de lesbiana. Si yo no la conociera de mucho tiempo, no hubiera dudado tampoco en considerarla de la cofradía, y todo ello sin ninguna afectación, ni en el vestido ni en los gestos, elegante y contenida, pero a la vez no dejando duda de sus apetencias.

Uno nunca podrá utilizar métodos parecidos, lo mío es el ataque rápido y fulminante, no valgo para hacer el paripé ni para convencer a nadie de nada, Pero me descubro ante ella, a pesar de mi experiencia, no creo de encargarme yo del caso, hubiera encontrado un medio de llevar cabo la acción de forma más discreta y efectiva.

Yo fui en cambio el protagonista del otro caso. Habíamos seguido al sujeto y era difícil encontrar un punto flojo por donde atacarle de forma discreta, se desplazaba siempre con escolta, se veía que seguía al pie de la letra las instrucciones dadas por algún profesional de la seguridad, y en estas condiciones, es fácil acabar con alguien a tiros, o con una bomba lapa en su coche, o de cualquier otra forma violenta, pero no lo es tanto encontrar la forma de acabar con el sujeto de la forma discreta que se nos había encomendado.

Por fin la vigilancia dio sus frutos y encontramos una grieta en su coraza. En sus vacaciones, iba siempre a su casa en un pueblo de la costa de Andalucía, se dedicaba al submarinismo,  y  con frecuencia lo practicaba solo, en contra de todas las normas de seguridad que existen sobre la materia, posiblemente por no encontrar compañero con la misma afición en el pueblo. Este fue el único punto flojo que encontramos.

Yo me conservo en buena forma y hago todos los días algo de gimnasia y yoga, pero no he sido un atleta, ni mucho menos a mi edad lo soy ahora. Así pues, pensar en llevar a cabo un trabajo bajo el agua, no era lo que más me podía apetecer. Mas o menos igual les pasaba al resto de los compañeros. Tratamos de buscar otro medio de llevar a cabo el trabajo, pero como no encontramos otro método, tuvimos que terminar aceptando que la única forma de cumplir el encargo era mediante un ataque bajo el agua.

Decidido el tema, nos desplazamos un equipo de ocho personas al pueblo, alquilamos un chalet desde donde se dominaba la casa del periodista y en él se aposentó un equipo con misión la vigilancia y apoyo, en otra vivienda nos metimos un alegre grupo de pescadores en vacaciones que todas las mañanas salía a pescar en una barca lo bastante amplia para guardar todos los aparatos que íbamos a necesitar. Desde el primer día, mientras unos se quedaban haciendo guardias y organizando toda la infraestructura complementaria, el grueso del equipo nos dedicamos a salir de pescar para acostumbrar a la gente del puerto a vernos salir y entrar con el barco como unos aficionados mas. Y todos los días volvíamos con pescado,  comprado previamente en algún pueblo cercano, porque había que volver al puerto con alguna pieza para justificar el tiempo que estabamos en el agua. Pero no perdimos el tiempo en turismo, todos los días practicamos la inmersión, el manejo de los scooter submarinos, y la lucha bajo el agua.

Al primer puente que hubo nuestro hombre llegó a su casa. Desde Madrid nos avisaron que se había puesto en marcha, pero no hubiera hecho falta por que la vigilancia detectó desde el primer momento que se encendían las luces de la casa y que entraban y salían sus familiares. Por otra parte, teníamos su teléfono intervenido y nada mas llegar se dedicó a llamar a todas partes.

Al día siguiente salimos de pesca temprano, pero no nos alejamos mucho del puerto, porque el pez que teníamos previsto pescar estaba todavía en la cama. Pero madrugó y a eso de las 10, con otras personas salió en su barquito, y nosotros discretamente le seguimos a distancia.

Cuando vimos que fondeaban la barca nos alejamos un poco más para no llamar la atención y al poco rato yo otros tres compañeros nos deslizamos con los scooters submarinos hacia el barco del periodista. Ibamos en línea uno a la vista de los otros, cubriendo un frente de unos 150 metros, camuflados el traje de buceo con tiras de plástico marrón verdosas, nos confundíamos con las algas del fondo en el momento que quedábamos inmóviles. Ibamos pegados al fondo en dirección del barco del submarinista.

Quiso la suerte que yo fuera el primero en avistarlo. Cuando le vi, hice una seña a mis compañeros y fui directamente hacia él, estaba ensimismado observando la entrada de una cueva entre las rocas. A unos veinte metros paré el scooter y me acerqué silencioso buceando. Tan distraído estaba explorando la cueva, que llegue hasta él sin que me detectara, le cogí por la espalda pasándolo los brazos por sus sobacos y enlazándolos en su nuca a la vez que le quitaba la máscara de buceo. Así, pegado a su botella de oxigeno, mantuve la llave mientras pateaba y trataba de zafarse.

Cuando llegaron los compañeros ya estaba medio ahogado. Viendo que yo solo podía solucionar el problema sin dificultad, se limitaron a esperar. Uno se acercó y cerro la espita del aire para evitar que llegaran muchas burbujas a la superficie.
Así pasamos los siguientes minutos, dejo de patear pero seguimos un rato mas, cuando nos aseguramos que estaba muerto, le volvimos a poner la máscara, abrimos otra vez el aire que ya no iba a necesitar y nos alejamos. En su cuerpo no quedo, el menor rastro de violencia, ni un rasguño. Era imposible encontrar una señal que indicara algo diferente a un accidente. Volvimos a nuestras scooter y nos alejamos hacia el punto convenido de recogida de la barca.

Seguimos haciendo la vida normal durante varios días, y poco a poco fuimos desapareciendo del pueblo cuando ya los comentarios sobre la muerte del periodista perdieron actualidad y a nadie se le ocurrió relacionar nuestra presencia con el accidente.

Aquí se acaba esta historia, porque la siguiente víctima tuvo la suerte de cara, teníamos previsto provocar un accidente de tráfico, ya teníamos elegido el mecanismo que agarrotaría la dirección de su coche a una señal de radio que emitiéramos, incluso teníamos seleccionada una curva en una carretera que utilizaba frecuentemente. Curiosamente este trozo de carretera, que iba a ser el escenario de su muerte, era el único tramo que quedaba por transformar en autovía, y de ello se había quejado por los micrófonos innumerables veces. La curva daba a un talud a de suficiente altura para asegurar un buen porrazo. Además  habíamos provocado un pequeño accidente que se llevó por delante el quitamiedos que la protegía, de forma que aseguramos que nada retuviera al coche cuando se despeñara por el talud.

Todo estaba preparado, dos de nosotros en un coche seguiría de cerca el coche de la víctima, otro coche con dos parejas nos daría escolta un kilómetro mas o menos detrás. Cuando llegara a esa curva emitiríamos una señal de radio que nos daría el control de la servodirección, enfilaríamos la curva para precipitarle al vacío. Nosotros que íbamos detrás de ellos, parábamos como a auxiliar a los heridos. Según las circunstancias, si aun estaba con vida, preferentemente le desnucábamos o si no se podía hacerlo con discreción, le inyectábamos un veneno de acción instantánea.

Era seguro que se le hacía la autopsia, pero, a que forense se le va a ocurrir pensar que un automovilista accidentado, ha muerto en realidad envenenado, o que la rotura de cervicales es debido a que le han retorcido el cuello. Entre el barullo que hiciéramos nosotros, los conductores que pararan, la policía y por último la cruz roja. Se borraría cualquier prueba que quedara de nuestra actuación y en el peor de los caso si se fijaba en nuestro pinchazo se confundiría con los dados por los socorristas en su afán de recuperar los cuerpos sin vida. Por último mas tarde cuando se pudiera, retiraríamos el aparato de bloqueo de la dirección de los restos del coche y asunto acabado.

Pero en el último momento cuando ya todo estaba preparado y era inminente la acción, llegó la contraorden. Desmontamos el  mecanismo de la dirección de su coche, y la única señal que quedó del intento fue la curva sin su guardarail. Cuando de vez en cuando le oigo hablar por la radio pienso para mí, muchacho nunca sabrás la suerte que tuviste, deberías cambiar tu nombre al de Lázaro por que realmente eres un resucitado.

30 abril 2014 - Posted by | General

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