Felix Maocho

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Robótica – Atravesando la última frontera, el Test de Turing

Por Félix Maocho
29/10/2012

Allá por los años cuarenta, al inicio de la era del ordenador, se dijo que el ordenador tan solo sumaba muy deprisa, por tanto, podría vencer en pruebas consistentes en probar todas las soluciones posibles, hasta encontrar la solución correcta, pero que nunca podría pensar.

Se decía, “podrá resolver puzzles, pero tomar decisiones en cosas como una partida de ajedrez, que tiene un número inmenso de posibles soluciones”. Pronto comenzaron a aparecer en el comercio máquinas que jugaban a todo tipo de juegos, incluido el ajedrez y que en muchos casos ganaban a los humanos.

Se cambió pues la frase diciendo, “pero jamás podrán ganara a su constructor” y nuevamente pronto las máquinas de ajedrez, empezaron a superar a los jugadores que las habían programado, por lo que se volvió a cambiar la frase, por la de “pero nunca jugarán mejor que un campeón mundial

En 1996 un superordenador, Deep Blue, de IBM, ganó para sorpresa de todos, un juego al campeón mundial de ajedrez. Garry Kasparov. Solo fue una juego de la serie de juegos programados y al final el competidor humano se impuso por sobre la máquina., sin embargo quince años después, nadie duda que ya los ordenadores juegan mejor que cualquier humano.

Algo parecido ocurrió con otras pruebas de inteligencia artificial. El ejercito americano a través de su laboratorio de investigación DARPA inició el desafío The DARPA Grand Challenge, una carrera de 150 millas, (240 Km), a través del desierto de Mojave cuya primera carrera se inició en el 2004, y donde ninguno de los vehículos robot que intervinieron terminaron la carrera.

Quien más avanzo fue el equipo de la Carnegie Mellon University, que con un coche Sandstorm modificado recorrieron la distancia de 11,78 kilómetros (7,32 millas) hasta que se quedó colgado de una roca, después de hacer un giro en zigzag. Aquí pueden observar el inicio de la carrera

En el 2005, el año siguiente, salvo un coche. todos superaron el record de 11,78 Km del año anterior y cinco de los vehículos completaron con éxito la carrera.

En vista de que esa prueba se había superado en el año  se cambió el escenario desértico por un “circuito urbano” marcado en los terrenos de la George Air Force, una base abandonada de las y la condición en este caso era realizar un “recorrido urbano” de tan solo 60 millas a completar en menos de 6 horas, pero cruzándose con los otros participantes en las calles y respetando todos escrupulosamente las reglas de tráfico.

La dificultad a superar, pasaba de elegir el recorrido más adecuado, a coordinar la circulación de cada  participante con el movimiento de los otros vehículos. El campeón fue nuevamente Carnegie Mellon University con un Chevy Tahoe a una velocidad de 14 mph (22,53 km / h).

Actualmente a solo siete años de la primera prueba, Google tiene ya vehículos sin conductor en pruebas que han recorrido 500.000 Km sin accidentes   y que han sido ya oficialmente autorizados a viajar por las carreteras de Nevada. 

Igual esta pasando con los robots humanoides. ASIMO es un robot humanoide creado en el año 2000 por Honda, su nombre es el acrónimo de Advanced Step in Innovative Mobility (Paso Avanzado en Movilidad Innovadora). El objetivo es llegar a crear un asistente personal, algo cada vez más necesario en un mundo que envejece progresivamente.

Tiene 130 cm de altura y 54 kg de peso y está diseñado para actuar en el interior de viviendas y oficinas reales que no son modificadas. Tienen capacidad de caminar en ese entorno y subir escaleras  En USA forma parte de un  espectáculo en Disneyland desde junio de 2005.

Honda empezó la investigación de robots humanoides hacia 1980, El robot E0 fue el primer robot bípedo, (dos patas) que inauguró la serie E, que se realizó desde 1986 a 1993. A esta serie siguió la serie P entre 1993 y 1997, que incluyó el primer robot capaz de autoregularse por si mismo, sin intervención humana.

Continuó el proceso con el robot ASIMO presentado en octubre de 2000. Se diferencia de los anteriores por incorporar mejoras en las articulaciones y un control del equilibrio que se anticipa a los movimientos que va a hacer, lo que le da mayor estabilidad y movimientos más parecidos a los humanos.

Desde entonces, se han realizado continuas mejoras en su capacidad para llevar a cabo tareas de movilidad. Desde el 2005 en que se cayó al subir unas escaleras, ha aumentado su estabilidad y mejoró su velocidad. con lo que ya puede hacer cosas como chutar una pelota o ​​correr.

Un nuevo hito fue que en el 2007 se le hizo cambios en su IA de modo que ya pueden trabajar varios robots ASIMO coordinadamente en una misma tarea. Por otra parte se les ha programado para que se aparten del camino de los humanos para evitar dañarlos y que vuelvan a su unidad de carga al detectar niveles bajos de su batería.

Aun anda lejos de su objetivo final que es poder cuidar de un anciano enfermo e impedido, pero es evidente que se avanza a pasos firmes en alcanzar esa meta. Actualmente camina hasta los 9 Km /h en línea recta, es decir ya lo hace más rápido que el andar de una persona y su batería le permite una autonomía de una hora mientras que sus ejes de giro en cabeza brazos y piernas ha pasado de 26 que tuvo inicialmente, a 57. Como referencia un brazo robot industrial, de los que se utilizan en la fabricación en serie de automóviles tiene como mucho 9 ejes de giro.

Indudablemente ASIMO es un robot experimental, pero modelos derivados de esta instigación que han pasado a artículos de consumo como barredoras y segadoras de césped por un lado y robot relaciones públicas por otro, que comienzan a poblar nuestras casas y oficinas por relativamente poco dinero

Se plantea en estos casos, definir cual es la frontera que separa la inteligencia artificial de estos aparatos, de lo que entendemos por inteligencia humana, en pocas palabras que tiene que hacer estos aparatos para que podamos decir que realmente piensan. Pues si bien ya sabemos que pueden jugar bien al ajedrez o pilotar un coche, o nos puedan hacer un café y servirlo, nos resistimos a decir por ello que sean “inteligentes”. ¿Cuál es la frontera entre la Inteligencia Artificial y ser seres pensantes?

Alan Turing es considerado como padre de la informática e ideólogo de la inteligencia artificial. Su biografía es el ejemplo más lacerante, de cómo una sociedad puede provocar, mediante procedimientos legales, una tortura continuada que puede llevar al suicidio, a personas cuyo único “pecado“ es haber nacido con una personalidad intelectual  que no se corresponde al rol del cuerpo que le ha dado la naturaleza.

Alan Turing cansado de la persecución jurídica que padeció por el solo hecho de ser homosexual, terminó suicidándose, en la todavía muy próxima fecha de 1952, en la teórica, muy democrática y tolerante Gran Bretaña. Hecho que debería ser un motivo de reflexión, para que todos, colectivamente, como sociedad e individualmente, hiciéramos examen de conciencia y nos planteáramos, si realmente hemos superado nuestros prejuicios homofóbicos.

Sin embargo, hoy me centraré en la más risueña faceta del Alan Turing, el brillante matemático, que definió conceptos como el de “algoritmo” y “cálculo” y diseñó conceptualmente la Máquina de Turing, modelo teórico de cualquier computadora de propósito general, razón por la cual se le considera el padre de la informática.

No contento con eso, nos legó el Test de Turing una sencilla prueba para discernir si una máquina tiene inteligencia digital, o sea artificial o simplemente piensa y razona porque es realmente inteligente.

La prueba consiste en situar un juez y una o varias máquinas y uno o varios ser humano en habitaciones diferentes, de forma que solo se puedan comunicar mediante mensajes. A través de esos mensajes el juez debe hacer preguntas que ellos contestarán, estando permitido tanto para las máquinas como los hombres, mentir al contestar por escrito las preguntas que el juez les haga El juez a la vista de las respuestas debe discernir quien es un ser humano y quien es una máquina,.

Se supone que, si jueces y jugadores son hábiles, llegara un momento del desarrollo de la Inteligencia Artificial, en el que el juez no podrá distinguir quién es el ser humano y quién la máquina, en ese momento, g habremos llegado construir máquinas realmente pensantes y que por tanto la inteligencia de esa máquina ha dejado de ser artificial para ser real.

En 1990 se inició un concurso, el Premio Loebner, una competición de carácter anual que sigue las normas dictadas por el Test de Turing, a el acuden los programadores de los equipos de Inteligencia Artificial más avanzados, para medirse con otros equipos y seres humanos. La prueba consiste en que el juez hace las preguntas que considera pertinentes a los contendientes, y recibe por pantalla las respuestas escritas y en función de ellas, dictamina quien es humano y quien es una máquina.

Los premios son:

  1. Medalla de bronce, y 5.000$ USA. para el programa (chatboat) más parecido a un ser humano de los presentados. Este premio se otorga anualmente entre los programas contendientes.
  2. Medalla de plata, y 25.000$ para el primer programa que los jueces no puedan distinguir de un ser humano verdadero y además convenza sólo con textos al juez que el ser humano es una máquina. Este premio se otorgará una sola vez, y aún no ha sido concedido.
  3. Medalla de oro y 100.000 $ para el primer programa que los jueces no puedan distinguir de un ser humano verdadero en un Test de Turing, que incluya descifrar y la comprensión del texto, con entradas visual y auditiva. Este premio se otorgará una sola vez, y aún no ha sido concedido.

El Premio Loebner se disolverá una vez que el premio de 100.000 dólares, con la medalla de oro, sea adjudicado..

Desde su fundación hace ya 21 años la primera y única vez que un juez confundió a una máquina con un humano, fue en el año 2010, el juez confundió al programa Suzette con una persona. El robot Suzette, de Bruce Wilcox, superó parte de la prueba, pero la máquina no consiguió convencer al juez que los humanos eran máquinas.

Se trató de una caso especial y algo confuso, como reconoció el propio creador del programa Wilcox, veterano participante y ganador por dos veces del Premio Loebner. El juez comenzó a hablar de política y empezó a repetir las preguntas, lo que hizo que el enfado de Suzette resultara totalmente creíble y perfectamente humano.

No obstante, pese a todo, se crea un precedente, que aun siendo circunstancial, muestran que la meta es alcanzable, como ha ocurrido en todos los precedentes de pruebas de  Inteligencia artificial y que esa meta se alcanzará muy probablemente en unos pocos años de investigación.

Como ocurre siempre en este tipo de problemas la complejidad que se consigue en los sistemas inteligentes crece de forma exponencial, Suzette, tenía 16.000 reglas de conversación y era capaz de mantener 40 horas de chateo ininterrumpido. La versiónsiguiente, Ángela, que sacarán en diciembre tendrá 26.000 reglas y 50 horas de chat continuado

Como en los casos anteriores estos programas de laboratorio e investigación tiene su vertiente de uso popular. En este caso, el objeto de uso masivo es una aplicación para móviles que llamada Tom Loves que ha diseñado Wilcox, a sus 61 años, con ayuda de su mujer y colaboradora habitual y que ya  ha sido descargada ya por ocho millones de usuarios en menos de un año y que permite hablar con una “gata” que parece tener respuestas para todo.

“En realidad un chatbot (programa contestador de chats). no entiende lo que le dices. Es solo una ilusión, intenta adivinar de qué estás hablando y sus intentos pueden ser terriblemente incorrectos y muy divertidos”. Wilcox dedica su trabajo hacia  la industria del entretenimiento y los videojuegos. Sin embargo también tiene otros usos más “serios”, como es dotar a los robots de capacidad de conversar y por tanto sustituir en el futuro los actuales “call center”, por máquinas que den correctas respuesta a las consultas del público, con lo que se marca una ruta a futuros avances en robótica y en sistemas de simulación. “¡Estamos abriendo el camino a la industria de replicantes!”,

Wilcox se encuentra estos días en Madrid para participar en el simposio que bajo el título de “El legado de Alan Turing” se celebra en la Fundación Areces.

 Félix Maocho

Via MadrI+D

 

29 octubre 2012 - Posted by | Robotica | , , ,

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