Felix Maocho

Para quien le interese lo que a nosotros nos interesa

Huelga contra la censura en China el 1 de julio

Últimamente estamos siendo testigos de una oleada de decisiones gubernamentales para restringir la libertad de expresión y de información de los ciudadanos de algunos países, incluidos algunos europeos. Desde evitar que se utilicen diversos medios de comunicación a través de Internet para informar sobre acontecimientos delicados o disturbios que ponen en una situación violenta al gobierno (por ejemplo, tras las fraudulentas elecciones iraníes) o por perjudicar a grupos de interés, como en el caso de los derechos de autor cuando tienen la suficiente influencia como lobby, hasta hacer uso de una supuesta protección ciudadana.
En el caso de grupos de presión o de evitar filtraciones de información -verídica o no- sobre sucesos políticos, la censura, aunque igualmente falta de motivación y legitimación, ha sido debatida ya hasta la saciedad en las últimas semanas. Sin embargo, a veces olvidamos que hay países que no sólo sufren la mordaza en cuanto a temas concretos o circunstancias puntuales. Son países que establecen un muro permanente e igualmente falto de motivación práctica y legal (atendiendo a los principios internacionales). Y lo que es más grave, es que no lo hacen en aras de una evidente protección de intereses claros, sino que se justifican mediante un acto paternalista, tan o más arbitrario que los anteriores, dentro del cual se legitima -internamente- un uso completamente inseguro.
Me refiero, por ejemplo, a la censura china que están intentando “mejorar” reclutando incluso vigilantes voluntarios (dudo de la voluntariedad) para controlar los contenidos que emanan de los teclados de su pueblo. Bajo un objetivo supuesto de evitar actos ilícitos o perjudiciales para el público, establecen un silencio obligatorio. Por supuesto, no se trata de proteger a la república popular en minúsculas, formada por todos sus súbditos (no son ciudadanos con plenos derechos), sino al poder central.
La censura en este sentido es tan manipulable como herramienta, que les permite, desde arriba, elegir discrecionalmente qué pasa por los tubos de Internet y qué se queda fuera de las pantallas, con unos métodos de reescribir la historia tan parecidos a los usados en 1984 (George Orwell) que no cabe duda de las intenciones reales de dicho sistema.
El problema no solo afecta a las noticias que pueden recibir desde el exterior, como ocurría con las búsquedas “personalizadas” en Google para China, sino que se extiende a las posibilidades de expresión de cada uno de los que intenten hablar sobre (in)ciertos temas o desde (in)determinadas fuentes.
Se supone que quieren evitar la pornografía y demás monstruos de Internet, pero, independientemente de si hacer esto es incluso pertinente, la falta de transparencia lleva a una inseguridad jurídica tal que no se puede saber qué es lo que va a enervar las alarmas del controlador de turno.
El software que apoya a esta aberración, conocido como Green Dam, además ha tenido controversias adicionales desde que fue anunciado. Investigadores en Michigan han descubierto importantes fallos de seguridad que permiten, potencialmente, tanto a los hackers como a la empresa que lo gestiona, a tomar el control de ordenadores remotamente. El gobierno chino ordenó entonces bloquear los agujeros de seguridad, aunque, personalmente, opino que las puertas traseras simplemente se han convertido en puertas con acceso de seguridad para ciertos elegidos. Además, los investigadores confirmaron que el software que supuestamente sólo bloquearía sitios de pornografía, también bloqueaba algunos webs sobre política. Para cuadrar el círculo, un empresa californiana que produce software para el control parental, afirma que partes de Green Dam ha sido robado (o más bien copiado) de su producto Cybersitter.
La respuesta de los chinos, obviamente, no puede ser muy directa, pues se exponen a represalias propias de un régimen no constitucional. Por ello, lo único que pueden hacer son protestas de silencio, donde, sin incumplir ninguna de sus leyes, consigan hacerse notar.
Ai Weiwei, que ayudó a construir el estadio de los pasados juegos olímpicos en Beijing se ha pronunciado públicamente en este sentido, tomando precauciones. En su Twitter escribió “Parad todo tipo de actividad online, incluyendo trabajar, leer, chatear, blogs, juegos y correos electrónicos. Hacedlo sin explicar vuestro comportamiento”
Esta última petición está pensada para que no pueda acusarse a nadie de nada, puesto que por el simple hecho de permanecer offline, no ser puede acusar a nadie de hacer nada incorrecto, pero los efectos combinados de todos los protestantes podrán ser fácilmente medibles. El boicot además servirá como una protesta más amplia, dado que el 1 de julio coincide con el aniversario del régimen del partido comunista del país.
Según Reuters, ha habido otras oposiciones públicas a la censura, incluyendo “una revista muy influyente que critica el esquema y una encuesta en la edición online del Beijing Times proclamando una invasión a la intimidad”.
También ha habido una nota de protesta de la embajada americana en Beijing en la que expresa su preocupación acerca de los efectos del filtro en el comercio (sobre empresas americanas que exportan a China) y las restricciones en el acceso de Internet afectando a la libertad de expresión. Quizá esto suene bastante moderado, pero hay que tener en cuenta que los diplomáticos a menudo usan eufemismos para que su argumento, entre líneas, sea recibido pese a su propia mesura.
En definitiva, el mecanismo de “protección” establecido estatalmente por los países, sean los que sean, pero especialmente cuando se hace desde un régimen particularmente sospechoso de usarlo para su propio interés, es algo que en la era digital, no pasa desapercibido. La imagen internacional queda en entredicho, el efecto Streissand es todavía peor y, como se suele decir, no se pueden poner puertas al campo. Si desde Cuba tenemos varios bloggers denunciando desde dentro su situación, como es el caso de Generación Y, desde China y desde los millones de expatriados que tiene, tampoco van a quedarse de brazos cruzados. La libertad de expresión es un Derecho Fundamental y debe ser éste el que se proteja por encima de otros inferiores como puede ser el acceso a contenidos ilegales.
Ai Weiwei

Ai Weiwei

Últimamente estamos siendo testigos de una oleada de decisiones gubernamentales para restringir la libertad de expresión y de información de los ciudadanos de algunos países, incluidos algunos europeos. Desde evitar que se utilicen diversos medios de comunicación a través de Internet para informar sobre acontecimientos delicados o disturbios que ponen en una situación violenta al gobierno (por ejemplo, tras las fraudulentas elecciones iraníes) o por perjudicar a grupos de interés, como en el caso de los derechos de autor cuando tienen la suficiente influencia como lobby, hasta hacer uso de una supuesta protección ciudadana.

En el caso de grupos de presión o de evitar filtraciones de información -verídica o no- sobre sucesos políticos, la censura, aunque igualmente falta de motivación y legitimación, ha sido debatida ya hasta la saciedad en las últimas semanas. Sin embargo, a veces olvidamos que hay países que no sólo sufren la mordaza en cuanto a temas concretos o circunstancias puntuales. Son países que establecen un muro permanente e igualmente falto de motivación práctica y legal (atendiendo a los principios internacionales). Y lo que es más grave, es que no lo hacen en aras de una evidente protección de intereses claros, sino que se justifican mediante un acto paternalista, tan o más arbitrario que los anteriores, dentro del cual se legitima -internamente- un uso completamente inseguro.

Me refiero, por ejemplo, a la censura china que están intentando “mejorar” reclutando incluso vigilantes voluntarios (dudo de la voluntariedad) para controlar los contenidos que emanan de los teclados de su pueblo. Bajo un objetivo supuesto de evitar actos ilícitos o perjudiciales para el público, establecen un silencio obligatorio. Por supuesto, no se trata de proteger a la república popular en minúsculas, formada por todos sus súbditos (no son ciudadanos con plenos derechos), sino al poder central.

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22 junio 2009 Posted by | Zona Euro | , , , , , | 3 comentarios

La Esfera – Retrato de Rubén Darío por Vázquez Díaz

Rubén Darío (1867 – 1916), nicaragüense, fue como poeta el máximo representante del Modernismo literario en lengua española. Es el poeta que ha tenido mayor y más duradera influencia en la poesía hispana del siglo XX, tanto al uno como al otro lado del Atlántico. Es por ello conocido como el príncipe de las letras castellanas.

 Su ascendiente el España fue inmenso, antes de pisar tierra española su libro de poesía Azul, fue muy elogiado por Juan Valera novelista famoso y crítico literario, que en octubre de 1888 publicó en El Imparcial de Madrid, dos cartas dirigidas a Rubén Darío, en las que, aun reprochando a Darío su influencia francesa (su “galicismo mental”, según  Valera), reconocía en él a “un prosista y un poeta de talento”.  Estas cartas de Valera, divulgadas por la prensa iberoamericana consagraron definitivamente a Darío, aun lado y otro del Atlántico.

 Ruben Darío DVDiaz

A partir de ese momento la influencia de Darío en los medios culturales españoles fue tremenda. Hizo su primer viaje a la península en 1892 como miembro de la delegación de Nicaragua con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América. En Madrid frecuento los círculos literarios entablando amistad con personalidades como los poetas Gaspar Núñez de Arce, José Zorrilla y Salvador Rueda, los novelistas Juan Valera y Emilia Pardo Bazán, el erudito Marcelino Menéndez Pelayo, y políticos como Emilio Castelar y Antonio Cánovas del Castillo.

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22 junio 2009 Posted by | La Esfera | , | 1 comentario