Felix Maocho

Para quien le interese lo que a nosotros nos interesa

Pensando hacia adelante

forward

–Es una mermelada muy buena –dijo la Reina.
–Bueno, de todos modos hoy no me apetece.
–Hoy no la tendrías aunque quisieras –dijo la Reina–. La regla es: mermelada ayer, mermelada mañana… pero no hoy.
–Pero de vez en cuando debe haber «mermelada hoy» –objetó Alicia.
–No; no puede ser –dijo la Reina–. La mermelada toca al otro día; como comprenderás, hoy es siempre éste.
–No os comprendo –dijo Alicia–. ¡Lo veo horriblemente confuso!
–Es lo que pasa al vivir hacia atrás –dijo la Reina con afabilidad–: siempre produce un poco de vértigo al principio…
–¡Vivir hacia atrás! –repitió Alicia con gran asombro–. ¡Jamás había oído nada semejante!
–Sin embargo, tiene una gran ventaja: la memoria funciona en las dos direcciones.
–Desde luego, la mía solo funciona en una –comentó Alicia–. No puedo recordar cosas antes de que hayan sucedido.
–Es mala memoria, la que funciona sólo hacia atrás –comentó la Reina.

Lewis Carroll, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.

Es cierto, es mala memoria la que sólo funciona hacia atrás. Y es así porque la memoria debería servir para predecir el futuro también. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, según dice. Pero no debería ser así. La memoria nos dice dónde está la piedra, para no volver a caer en el error de caernos por ella.

Ahí es donde una persona con más años tiene muchas ventajas sobre una más joven. La joven sólo ha podido aprender el pasado por lo que le cuenten los demás. Puede que le llegue información, pero nunca será tan completa como la real experiencia de alguien estuvo ahí y lo vivió.

Deberíamos poder ser capaces de darnos cuenta de cuando las cosas van a venir. Siempre que la tormenta se acerca, oímos primero los truenos y luego sentimos los demás efectos. Si fuera la primera tormenta que presenciamos en nuestra vida, no podríamos saber de verdad lo que pasa. Nos pueden haber contado que primero se escucha un sonido atronador, y luego comienza la lluvia y los relámpagos, ¿Pero cómo sabemos lo que es un trueno? Podemos, como mucho, escuchar una grabación de alguno pasado, acudimos a documentación «histórica». Podemos leer sobre cómo es. Podemos preguntar a quienes ya lo han vivido, para saber qué se siente al oírlo y cómo suena esa cosa llamada trueno. Pero la aproximación no puede jamás prepararnos para descubrir por primera vez una tormenta. Hasta que no la vives, no sabes bien de qué va eso.

Las tormentas de la vida son veces tan predecibles como aquellas que el Meteosat nos informa. La observación y experiencia de miles de tormentas anteriores nos da unas pautas para poder saber cuándo y dónde se va a dar la siguiente.

Si viviéramos en un mundo de total incertidumbre, sería un caos. Necesitamos poder adelantarnos a los acontecimientos para saber a qué atenernos. Buscamos información, y exploramos el mundo constantemente para recabar señales que nos indiquen por dónde irán los tiros.

Pero a pesar de todo aún nos sorprendemos. Todavía quedan temas que sólo se pueden encontrar sin preaviso. Por muchos chequeos rutinarios en el médico que nos hagamos, el que nos diga que encuentra algo, sigue siendo por sorpresa. Por muchas comprobaciones que hagamos de otras cosas, poco podemos anticipar de su resultado antes de que sea un hecho. (y no hablo de las quinielas ni de la lotería, que también).

Por eso, a veces, lo único que podemos hacer es estar preparados. Que la memoria hacia adelante funcione como escudo, cuando no puede hacerlo como radar. Que nos acordemos de dónde fallamos la última vez, y a qué afectó, para poner los medios para que no vuelva a causar mayores daños. Incluso si podemos prever el fenómeno entrante, y no podemos evitarlo, podemos minimizar las consecuencias. Los que viven cerca de un río que puede tener crecidas desbordantes lo saben bien. Cuentan con sacos de arena, ladrillos, o demás barreras para cuando llega el día en que es inminente la inundación. No pueden evitar que la calle se inunde, pero sí puede evitar que el lodo entre en sus casas. Así, pues, aunque la catrástrofe sea generalizada, y no tengamos cada uno la culpa ni manera de evitarla a gran escala, sí que podemos tener cuidado para que, particularmente, no nos perjudique.

Se dice que el sentido común no es tan común. La gente no utiliza su memoria hacia adelante. La gente quiere estar ciega y actuar sin pensar en las consecuencias. Los actos impulsivos, tienen, de todas formas, una región específica en el cerebro: el sistema límbico. Éste es el más primitivo. Mientras que los de pensar a largo plazo, hacer planes, prever, y ser más «responsables» están localizados en su origen en el cortex prefrontal.

El desarrollo del cortex prefrontal es uno de los motivos por los que los seres humanos estamos dominando la tierra. Nos desarrollamos más a nivel racional, comparados con otros animales, que siguen usando básicamente sus instintos para la toma de decisiones. A pesar de ello, nuestro sistema límbico también ha evolucionado paralelamente. Lo curioso es que con la edad, en la misma persona, el cortex prefrontal crece, haciendo que sea más sabia, y actúe de forma más racional, pensando más en el futuro, y sin ser tan impulsivo.

Por eso los jóvenes estamos más al borde de hacer todo a lo loco, sin pensar en las consecuencias. Y también tenemos antojos. Queremos algo, y lo queremos ya. Esta impaciencia es, curiosamente, uno de los motivos por los que algunos países tienen tipos de interés más altos. Países como Turquía, donde la esperanza de vida es mucho menor que la de España y hay una cantidad enorme de gente joven, tiene tipos altos, además de porque están creciendo mucho, al partir de un nivel más bajo, porque son consumidores impulsivos.

Cuando «necesitas» una televisión de pantalla plana o un coche nuevo, aunque en realidad no lo necesites, y recurres a pedir préstamos para pagarlo, no sólo estás pagando a plazos tus productos. Estás afectando al país entero, con tu granito de arena. Más compras impulsivas, implican mayor demanda de créditos, lo cual, obviamente sube el tipo de interés. (he dicho obviamente muy rápido, pero igual conviene que aclare que cuanta más gente haya pidiendo prestado dinero, más intereses pueden pedir los bancos para dárselo, siguiendo la ley de oferta y demanda con el mismo razonamiento que en el resto de los bienes. El precio del dinero sube cuando mucha gente demanda dinero)

Además, los marketers sabemos estas cosas. Y sabemos que hay gente que simplemente no puede resistirse comprar hoy sin pensar en el futuro. No utilizan su memoria a futuro, acordándose de que en tiempos pasados no ganaba lo suficiente como para pagar esas cuotas, y que es posible que vuelva a estar en esa situación. Los que deciden sobre las condiciones e intereses de las tarjetas de crédito manejan estos conceptos para atrapar a los consumidores en una bola de nieve de deuda e intereses. Es un tema muy interesante, que daría para mucho más que este simple párrafo. Por eso, me remito a un post futuro, para quien lo quiera leer.

Ya sabes, mirando hacia adelante 😀

26 febrero 2009 - Posted by | Psicología | , , ,

3 comentarios »

  1. pensando hacia adelante…. he estado dandole vueltas y vueltas a la misma frase…
    ahora me queda mas claro lo q significa!
    Muchas gracias por compartirlo…

    Comentario por Lamentos Tsuki | 2 octubre 2009 | Responder

  2. buen punto,grasias sñor y a seguir dandole alo que viene y dejar en paz lo que ya no…solo hay que tomar el pasado como referencia para no cometer las mismas sandeses otra ves…asta pronto.

    Comentario por jose francisco pineda | 11 abril 2010 | Responder

    • gracias

      Comentario por felixmaocho | 11 abril 2010 | Responder


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