Felix Maocho

Para quien le interese lo que a nosotros nos interesa

Los papeles de Torre – El policía


No se si recordáis del juicio de Barrionuevo y Vera, el policía que descubrió los etarras enterrados en Alicante, no pudo declarar en el juicio porque murió antes del juicio. No puedo asegurar que este caso se refiera a ese asunto.

 

No he leído en los papeles que encontré, ningún caso en que nuestro amigo haya fallado en un encargo. Si los ha tenido, no los escribió, pero en este caso parece que no solo el, sino todo el equipo, consiguieron ganar en el tiempo de descuento y de penalty injusto. Pero como pasa en el fútbol, la historia solo recuerda el resultado final y no sus circunstancias.

 

 

El Policía

 

 

Uno de los riesgos de este oficio está en lo engañosa que resulta ser la naturaleza. La vida parece tan delicada, que no dudamos en dar la razón a los ecologistas cuando predicen, que si seguimos así, en poco años acabaremos con la vida en el planeta. Sin embargo a veces pienso que están totalmente equivocados. Por ejemplo, si tenemos un jardín, a veces no nos atrevemos a pisar el césped para evitar que se estropeé, pero para mantenerlo en condiciones precisamente hemos de segarlo al rape todas las semanas, pasar un rodillo pesado de vez en cuando, y enterrarlo en basura una vez al año, y por otra parte hay que ver  el trabajo que da  exterminar las plantas que se empeñan en salir en medio del sendero. Y es que la vida se agarra a cualquier cosa antes de dejarse morir.


 Igual pasa con los hombres, parecemos blandos, pero los periódicos están llenos de noticias de gente que sobrevive en las circunstancias mas adversas, no hay terremoto en que no recuperen a alguien que ha estado enterrado quince días, o naufragio de patera que no tenga un sobreviviente agarrado a una tabla durante una semana.

 

Viene a cuento todo este preámbulo para explicar lo que nos ocurrió en le caso que voy a contar a continuación. Era el típico encargo de eliminar discretamente a un fulano, de forma que no pareciera un asesinato. Cuando entra este tipo de encargo y hay tiempo, siempre elegimos aparentar una muerte natural.

 

Simular una enfermedad que acabe rápidamente en la muerte del individuo, un cáncer, trombosis, degeneración del páncreas, etc. es relativamente sencillo. Se pueden imitar a la perfección más de una docena de enfermedades que acaban con una persona en un plazo corto de tiempo.

 

En líneas generales el procedimiento es siempre el mismo. Consiste en ir envenenando poco a poco a un individuo con substancias que simulan los síntomas de la enfermedad, molestias, fiebres, etc. La parte más convincente del asunto es conseguir modificar los resultados de los análisis clínicos, de modo que su propio médico sea el que diagnostique y comunique a la familia la gravedad de la enfermedad.

 

Es la parte más delicada y compleja del asunto, pues la solución mas práctica de conseguirlo consiste es cambiar su análisis por los de un enfermo real. Esto puede parecer difícil a primera vista, pero no lo es tanto si se está preparado para ellos.

 

Se necesita entrar dos veces en el laboratorio y efectuar el cambio. La primera vez consiguen los resultados de un auténtico enfermo que se haya analizado en la misma clínica unos días antes. Es fácil por que en el laboratorio es costumbre guardar copia de los análisis. Con ellos en nuestro poder se falsifican usando el papel de la misma clínica cambiando el nombre del enfermo y la fecha. A veces se retocan aun más los resultados para dar idea de mayor gravedad. Se vuelve al laboratorio la noche anterior a la fecha de recogida del análisis y se cambian los resultados reales por la falsificación.  Si el paciente ha ido a la Seguridad Social es aún más sencillo pues los resultados los envían directamente por estafeta interna se da el cambiazo en la estafeta y ya esta.

 

En el fondo  no es tan complicado, si se piense que los laboratorios clínicos no son precisamente joyerías, los ladrones no va a entra para llevarse las muestras de orina y sangre que pueda encontrar en semejante sitio, por eso las medidas de seguridad que tienen suelen ser mínimas..

 

Cuando hemos conseguido que el médico lo sentencie, de eso nos enteramos teniendo pinchado el teléfono, pues las malas noticias corren rápido. Ha llegado el momento de preparar la muerte del sujeto, se mantienen los síntomas un tiempo prudencial, y conque muera de forma parecida a como se espera, nadie sospechan nada, y si por asomo alguien entra en sospecha, por miedo a dar un patinazo, y por respeto a la familia del muerto, ni se le ocurre solicitar una autopsia que retrase el entierro de la víctima.

 

Hacerlo así, es casi perfecto. Solo suele resultar sospechoso el que la muerte se haya presentado justamente en un momento “tan oportuno” para alguien , pero al ser los parientes de la víctima y su propio médico quien aseguran que ha sido de muerte natural, nunca hay investigaciones posteriores.

 

El problema es que se necesita bastante tiempo para preparar el caso, pues para que sea creíble la “enfermedad”, necesitamos tener entre tres meses a seis meses de tiempo, para simular la evolución de una persona sana a cadáver  por muy rápida que sea la enfermedad que simulemos que le lleve a la tumba.

 

En nuestro caso el tiempo que teníamos andaba un poco justo, y había que elegir entre este método o el más rápido, pero mucho más sospechoso, de la muerte accidental. Estudiamos el caso y decidimos aplicar la primera solución. Se pensó que un enfermo también puede sufrir una “accidente” lo mismo que un sano, por tanto, si al final nos faltaba tiempo para simular una muerte por enfermedad, siempre le podría atropellar un coche o sufrir un accidente doméstico. A parte, teníamos otra razón de peso, lo habían prejubilado por problemas cardiacos, por lo que en este caso bastaba por simular un agravamiento de su enfermedad para hacerlo creíble, lo que resultaba bastante más sencillo.

 

Controlamos al sujeto, estudiamos sus costumbres, y pronto encontramos un punto por donde atacar. Como persona enferma, cuidaba bastante de su salud. Diariamente salía a dar un largo paseo que invariablemente acababa en el mismo bar donde terminaba tragando unas medicinas con un café con leche. La medicina era un producto para controlar la tensión que venía en esas cápsulas para tragar formadas por dos tubito encajados uno en otro que guardan dentro el medicamento,  y las llevaba en su bote en el bolsillo de su chaqueta.

 

Compramos el medicamento en una farmacia,. Abrimos las cápsulas y cambiamos su contenido por otro producto de efectos justamente el contrario, de los que disparan la tensión hasta el techo. La medicina se absorbía lentamente y no se apreciaba su actividad hasta varias horas después de tomadas por lo que resultaba difícil relacionar los efectos con el hecho de tomar las píldoras. 

 

Al día siguiente mientras yo le entretenía en el bar hablando de fútbol, un compañero hábil con los dedos, y especializado en esas lides,  le dio el cambiazo al bote de los medicamentos. A partir de ahí solo teníamos que esperar.

 

Hubo que esperar poco, a simple vista se le vio enfermar. Día tras día, continuaba saliendo por la mañana a pasear, pero de ser una persona, algo gruesa pero fuerte y erguida, pasó a ser un abotargado y encorvado  anciano. Lo que más me impresionó fue como cambiaron sus pasos, de un caminar tranquilo y seguro del jubilata al  tembloroso y corto paso del anciano decrépito. Oímos como llamaba a su médico para concertar una visita. Ibamos por el buen camino, y el médico jugó a nuestro favor, le subió la dosis.

 

Esto que en principio puede parecer bueno no lo es tanto si se piensa que si nos pasamos y lo encuentran en muy mal estado lo internen en un hospital donde es más difícil controlar el medicamento que toma y puede ser que en poco tiempo sane milagrosamente. Por tanto volvimos a preparar otras pastillas con algo menos dosis y le dimos otro cambiazo.

 

Así le tuvimos a medio gas un par de meses, vigilando atentamente su aspecto con mas cuidado que el que pudiera haber tenido en la UVI, hasta que consideramos llegado el momento de acabar con el. Otro cambiazo, pero esta vez con las pastillas rellenas a tope.

 

Aquí es cuando se demuestra lo que decía al principio, que nos agarramos a la vida como garrapatas, según todos los pronósticos aquello debería haber acabado con su vida o al menos haberlo mandado in extremis al hospital. Bueno pues pasaban los días y, ¡qué si quieres arroz!.

 

Todas las mañanas, cada vez peor, pero inmutable, salía a dar su paso.  Todas las mañanas le veíamos tomar nuestras pastillas, y nos decíamos, hoy es la última. Día tras día esperamos su muerte pero esta no llegaba. Volvimos a cambiarle las pastillas por otras que mezclaban puro veneno junto con los polvos para la tensión. Pues ni con esas.

 

Se acercaba el día límite y seguía sin morirse el tío. La verdad es que ya estábamos empezando a poner nerviosos que es lo peor que te puede pasar en este oficio. Me dieron la orden que le rematara y decidí hacerlo en el único sitio que podía en el portal o el ascensor de su casa cuando volviera del paseo. Si conseguía asfixiarlo, la muerte sería semejante a la que padece un hipotenso.

 

Se ve que su ángel de la guarda trabajaba a destajo. Fue decidir matarlo y todos los días por un motivo u otro se salvo de milagro. Se debía encontrar muy mal  y algún día no salió de paseo, otro día coincidió en el portal con un vecino, otro había alguien fregando la escalera. En fin que por uno u otro motivo no pude estar a solas con el, y claro, podía haberlo matado, era fácil, pero que además pareciera muerte natural no lo era tanto.

 

Así que impotentes vimos amanecer el último día, y a la puerta de su casa fuimos todos a ver a quien se le ocurría algo. A eso de las nueve, mas trajeado que de costumbre le vimos pedir un taxi, Todos pensamos lo mismo, ahí le podíamos haber cazado. Pero ya era tarde, si lo hubiéramos sabido, podíamos haber tenido un taxi a la espera que saliera de casa, pero ya era tarde para lamentarse.

 

Seguimos al taxi vimos impotentes como el tío entraba en los Tribunales. Ya todo era inútil el tío  declararía en el juicio.

 

Dimos el caso por perdido, se fue el grueso de los compañeros que nada podía hacer allí y tan solo quedamos un par de compañeros y yo mezclados entre el público que deambulaba por los pasillos de los Tribunales por si sonaba la flauta. Pero la flauta no sonó, así que cuando uno de los abogados de la acusación le invitó a entrar en la sala nos largamos, pues nada más podíamos hacer.

 

Del resto me enteré como los demás por la televisión, parece ser que la emoción de declarar fue la gota que rebosó el vaso y su cascado corazón no lo resistió. Murió en la mismo sala del Tribunal y no llegó a declarar. Con testigos como Magistrados del Supremo, abogados y periodistas, nadie se le ocurrió dudar que el infarto que le llevaba a la tumba era natural.

 

Al menos el pobre hombre tuvo el consuelo que le concedieran la medalla al Mérito Policial después de muerto. Descanse en paz de una vez por todas.

 

1 junio 2008 - Posted by | Papeles de Torre |

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