Felix Maocho

Para quien le interese lo que a nosotros nos interesa

El incendio de Santander

Por Félix Maocho
6/7/2012

Los periódicos del 18 de Febrero de 1941, tres días después de la tragedia ocurrida el día 15 a las 22 horas, trae en primera página la noticia del incendio de Santander, el último gran incendio que se ha producido en zonas urbanas en España.

Por entonces, la gran mayoría de las casas utilizaban como material de construcción vigas de madera, y además en el norte eran habitual que existiera en la fachada de las casas extensas galerías y miradores hechos en madera, por lo que los edificios de viviendas estaban muy expuestos a la propagación de incendios, en especial por las techumbres, pues al ser los sobrados todo viguería de madera al aire, sin ningún tipo de cobertura ignifuga, estaban especialmente expuestos a la propagación de incendios.

Por otra parte, el casco antiguo de las ciudades, solía ser una serie de estrechas callejuelas, que dejaban próximas unas casas frente a las otras, de forma que las llamas podían con facilidad saltar de una vivienda a la de enfrente. Por tal motivo un incendio fortuito, aun no se sabe, si iniciado al arder una chimenea o debido a un cortocircuito, en el número 20 de la calle Cádiz, se transformo en la mecha que inicio un incendio que supuso la destrucción del casco antiguo de Santander.

El relato del lo que ocurrió en esos días del incendio lo he obtenido a partir de información recogida en las e hemerotecas de los periódicos de esa época y en memorias de sobrevivientes que con motivo del 70 aniversario recordaban lo que  les tocó vivir de aquella catástrofe.

Las llamas destrozaron 1.883 viviendas, 508 comercios, 155 hoteles, pensiones y bares, 21 clínicas, 9 imprentas y tres periódicos. Se estima que más de 10.000 personas se quedaron sin hogar y 7.000 sin empleo. A ello contribuyó poderosamente un vendaval de viento, casi un ciclón que azotaba la ciudad con rachas que alcanzaron los 140 Km., que previamente a las llamas, habían destrozado y levantado multitud de tejados dejando todo el maderamen a la intemperie.

Este video que he encontrado en Youtube, hecho el año pasado para conmemorar los 70 años del incendio, tiene imágenes de cine de la época y recuerdos de testigos sobrevivientes de aquel incendio.

Tal como refleja el Diario Montañés en la el 70 aniversario de los hechos, la cronología fue la siguiente:

Sábado, día 15

Durante todo el día sopló un fuerte viento que casi era un ciclón. Hacia las 21 horas había múltiples voladuras de tejados y rotura de cristales. Muchos árboles derribados por el viento, como los árboles centenarios de la Alameda de Oviedo o los del Sardinero, Paseo Pereda y jardines particulares, arrastraban en su caída los tendidos aéreos dejando la ciudad sin electricidad ni teléfonos y cortando las vías del tranvía. La ciudad estaba paralizada incomunicada y sin suministro eléctrico. El viento hace imposible el tránsito por la calle y los santanderinos se refugian en sus casas o en los cafés.

“Estaba con mi hermano, en el bar La Perla con unos amigos. Estaba en la Plaza del Pescao, cerca de la Catedral. Cuando salimos de allí en dirección hacia nuestra casa, me acuerdo que pasando por la calle del Obispo, que desde la Catedral da a la Calle Cádiz, teníamos que andar a gatas. Nos intentábamos levantar y el viento nos desplazaba varios metros hacia atrás.”

Carmen González Echegaray tenía 16 años «la noche del fuego. La recuerdo con horror.

“La tarde estaba con mucho viento Sur y en las bocacalles pegaba muy, muy fuerte. La gente pasaba de la mano para poder cruzar por el Paseo de Pereda. Yo estaba en mi casa de Gómez Oreña y el viento nos arrancó el mirador entero. ¡El huracán era impresionante! Eran vecinos nuestros los Galán, de la joyería. Pablo pasó a nuestra casa y con los largueros de las camas sujetó las puertas, porque se abrían. Estábamos asustados por el viento que arrancaba los árboles, las tejas, los cables… pero nadie aún pensaba en la posibilidad de un incendio.”

A las 22 horas se produce incendio en el número 20 de la calle Cádiz. Eduardo Delgado era hijo de bombero voluntario, su padre participó en la extinción del fuego.

“Recuerdo que estábamos en casa, en el parque de los voluntarios. Mi padre era conductor y salió a pagar una chimenea que estaba en llamas en la calle Florida, algo que era muy frecuente porque en las cocinas económicas se quemaba de todo, desde serrín a alpargatas viejas. Volvió de Florida y, al poco, tocó de nuevo la campana. Todos corrieron porque el incendio era entonces en la calle de Cádiz número 20”.

Los informes oficiales señalan que el origen fue un cortocircuito, las versiones populares dicen que fueron las  brasas de un fogón que causaron el incendio del tejado.

“La calle donde vivía, donde la Estación de Autobuses, es contigua a la Calle Cádiz. Conocía a las señoras del piso donde comenzó el fuego, de la pensión. Eran un poco “limitadas”. Al encender el horno, que era de carbón, como todos en esa época y tener la chimenea muy sucia, llena de hollín, con el viento se inició un fuego increíble. La chimenea era como un soplete.”

Sin embargo otra testigo de la época lo achaca al incendio por cortocircuito en una panadería que había en esa vivienda.

En ese momento el viento arreciaba alcanzando una velocidad de 140 km. y hizo que el fuego se extendiera por las Atarazanas , Rúa Mayor, Rúa Menor, Escalerilla y Banco Hispano Americano y el Palacio Episcopal.

El fuego en la Catedral comenzó por la torre de campanas y se extendió con gran rapidez por todo el edificio. El estruendo que produjo la caída de las grandes campanas de la Catedral, pareció anunciar el paso infernal del fuego. El fuego saltó la desaparecida Ría de Becedo, alcanzando las calles San Francisco, La Ribera y La Blanca.

La Catedral, situada en la cima de una pequeña colina, hacen llover brasas sobre las tejados de la Puebla Vieja. Cuando caen las campanas de la Catedral, el incendio se había extendido hasta la Ribera y San Francisco (son 50 edificios los que ya están ardiendo), así como dos filas de casas del Puente y el Callejón del Infierno, Atarazanas y Hotel Victoria. Prosigue el incendio y arden Méndez Núñez y Calderón de la Barca. La estrechez de las calles forma tiros de vientos que propagan las llamas a gran velocidad

¿Por qué se propagó el fuego?

“Porque el viento había arrancado las tejas, la estructura era toda de madera generalmente podrida y ardió todo, como la yesca. Por eso no se quemó la que salvaron los bomberos voluntarios y ahí sigue, la de Orán, también conocida como de Ubierna, que no era de madera. Hay fotos de los bomberos voluntarios, en las que aparece cómo se estaba quemando la de al lado, en la calle San Francisco, donde estaba Samot, la tienda de fotografía”

Los intentos de sofocar el incendio resultaron estériles, pues el viento trasladaba las llamas de una casa a otra construidas como estaban en gran parte en madera. Las personas que se mostraron enseguida dispuestas a ayudar eran muchas y ayudaron a bomberos y soldados, jugándose la vida, a intentar sofocar el fuego de los tejados  En la  madrugada las llamas han alcanzan la calle la Blanca y la Plaza Vieja. El fuego llega a la iglesia de La Anunciación y la calles de la Compañía y Tableros, Plaza de las Escuelas, Carvajal y Santa Clara.

“El fuego saltó sin dificultad al número 15 de Rúa Mayor y de ahí, alcanzó la ladera norte, la zona de Atarazanas. La dificultad era máxima por encontrarse el fuego de forma horizontal en lo más alto de los edificios y por la fuerza del viento, que hacia añicos los potentes chorros de agua”

Alejandro Gago era entonces «un chaval de trece años»

“Tengo unos recuerdos muy grabados en mi memoria. Estaba esperando el tranvía de Peñacastillo, que llevaba el letrero rojo, para ir a Campogiro, donde yo nací, en el número 5. Iba a casa de mi tía, para darle unos sacos, pues ella viajaba a Potes el día siguiente a comprar, creo que castañas, nueves y avellanas. Cuando el tranvía llego al cine Alameda, se paró, porque se cortó la corriente. Ya estaba quemándose el Obispado y toda esa zona, según nos contaron unos vecinos». «Eran las diez de la noche o por ahí. Me di cuenta de que no era posible llegar a casa de mi tía, y eso que quería estar con ella porque, de paso cenaba en su casa… era la época del hambre, la posguerra… Decidí regresar a mi casa, me puse los sacos a la cabeza porque caían cristales de las ventanas que rompía el viento. Llegué a casa agotado, me acosté y me quedé roque. El viento era tan fuerte que arrancó la ventana de mi habitación y el hijo de la vecina la clavó con unas maderas. El viento era terrible”.

“Salvo los que estaban en el cogollo de Santander, que es lo que se quemó, el resto de santanderinos se refugiaba del viento, no del fuego. De un viento fortísimo, era brutal, tanto que rebanó la esquina de una casa del Muelle con General Mola, la arrancó toda, de arriba abajo, como si hubieran cortado una tarta. Arrancó infinidad de tejados, muchos árboles, en la Ciudad Jardín partió un chalé por la mitad y se lo llevó por los aires… Todo el mundo se refugiaba del viento y los que estaban en las calles en llamas huían de los edificios que ardían, que lo hacían a toda velocidad. Se calcula que, en los primeros momentos, se quemaba una casa por minuto. Desde la calle Cádiz a la Catedral y Ruamenor y a la acera de acá, de lo que es hoy es Calvo Sotelo, que era entonces La Rivera, el viento arrasaba.¡Ardía en pompa Santander! y las casas siguieron quemándose durante horas”.

Inicialmente las autoridades estaban abrumadas por la magnitud del incendio y porque la ciudad estaba aislada, pues el viento había tirado las líneas telegráficas e impedido circular los trenes. Inicialmente se pensó en un fuego intencionado, pero pronto se convencieron que era un accidente unido a la fuerza del viento. A falta de teléfonos mandaron motoristas a Burgos y Bibao en busca de auxilio.

Destrozado el centro, las autoridades montan un cuartel general en el Café Boulevard, allí se reunieron todas las autoridades de la ciudad, el gobernador civil, Carlos Ruiz García, el gobernador militar, coronel Burgués, el coronel del Regimiento de Infantería, Molinera, el alcalde, Pino, el presidente de la Diputación, Nárdiz, y el delegado de Orden Público, Norte.  Ponen el vigencia las leyes de estado de guerra, comienzan a impartir órdenes para intentar limitar el las consecuencias del desastre.

Declarado el Estado de Guerra, se acordó que la Policía, Guardia Civil, Ejército y Bandera de Choque de Falange se encargasen de su cumplimiento. El caos y el derrumbamiento de los postes de las redes telegráficas y telefónicas, además del estado lamentable de las carreteras, además de la imposibilidad de que ningún tren llegase a la ciudad, hicieron que Santander se encontrase sola durante mucho tiempo, sin ninguna ayuda exterior.

Las comunicaciones de todo tipo con Santander están cortadas, pero el barco Turia, atracado en los muelles de Maliaño través de las radios consiguen mandar SOS que alertan a otros barcos y el mensaje llego a Coruña y de ahí a Madrid. El Ministro de Gobernación giro despachos a todos los gobernadores próximos para que mandarán todos sus equipos de bomberos y de extinción disponibles a Santander.

A las 3 horas continua el incendio con toda intensidad se desploman las casas de ‘Mafor’ en San Francisco y los almacenes Ribalaygua y el fuego avanza hacia la Atalaya por la calle del Peso. Se procede al uso de dinamita para crear cortafuegos. Se dinamita la zona de Sevilla, Tantín para preservar la Electra de Viesgo. Voladuras en Atarazanas y Plaza de Dato.

“AR: ¿Entonces supongo que el fuego llegaría a su casa en algún momento?

MS: Si, bueno tuvimos suerte ya que mi casa no se encontraba en la dirección del viento, en la línea de fuego que se creó más adelante. Sin embargo un fuego comenzó en nuestro tejado, pero un vecino, jugándose la vida, porque yo no se como no se cayó con el viento que hacía, le consiguió apagar. Pero el fuego llegó con fuerza hasta justo la casa que estaba pegada a la mía, por un trozo de madera que llegó volando al tejado. Entonces llegó Rivero, que era un ingeniero que tenía una empresa de construcción, de las primeras que utilizaba hormigón armado (recuerda con gracia el logotipo de la empresa representado por una hormiga vestida como un militar con casco, lanza y escudo) y paró su furgoneta justo enfrente de nuestra casa. Rivero se dirigió a mi hermano y a mi para decirnos que la casa pegada a la nuestra, que ya estaba con el tejado en llamas, había que derribarla para que el fuego no avanzase, y que el sabía como hacerlo. Abrió su furgoneta y cogió varios cartuchos de dinamita y nos dijo que le acompañásemos al portal del edificio. Él subió más arriba y nosotros nos quedamos en el portal. Subía y bajaba poniendo los cartuchos de dinamita en sitios estratégicos. Cuando acabó, bajo corriendo y nos dijo: ¡Salir corriendo que esto va a explotar! En un momento, el edificio explotó y se derrumbó completamente hacia adentro. Las cuatro fachadas cayeron hacia adentro y el fuego se acabó. Fue impresionante, yo me quede “pasmao”.

AR: Todo un héroe el ingeniero.

MS: ¡Sin duda! Y luego cogió la furgoneta y se fue a otras calles para hacer lo mismo. Seguro que salvo muchas casas más. Y nunca he oído a nadie hablar de este hecho que yo viví, ni el ha sido nunca reconocido.”

A las 4 horas el fuego alcanza la colina del Alta y la ciudad queda separada en dos trozos que solo se comunican por la zona de Viñas y el Paseo Marítimo. Durante la noche, el fuego alcanza la calle Calderón y Méndez Núñez, Catedral y Puente, por el Sur, y hacia Arcillero y la Plaza del Príncipe por el Noroeste, para, desde allí, dirigirse a San José, Bustamante, Sánchez Silva y  Tantín, y bajar por la Cuesta de La Atalaya para continuar por la plaza de los Remedios. Entre los negocios afectados por el incendio están las rotativas de tres periódicos de Santander la “Hoja del Lunes” “Alerta” y el Diario Montañés”

A las 8,30 se han organizado los primeros servicios de ayuda a los afectados. A lo largo del día del domingo, prosigue el incendio todo el día para comenzar a ceder hacia las 12 de la noche Llegaron en un primer momento, bomberos y material de extinción de Torrelavega, Bilbao, San Sebastián, Burgos, Palencia, Valladolid, Oviedo, Gijón y Avilés. Las ayudas más destacadas fueron las venidas desde Madrid, Valladolid, Bilbao y San Sebastián que aportaron gran cantidad de material moderno, como bombas, automóviles-aljibes y gran cantidad de mangueras.

Por fin los bomberos de Santander, que junto a los voluntarios, han estado combatiendo el fuego por 48 horas sin parar, pueden retirarse a descansar. Con más medios se combate con agua el fuego de los tejados para impedir el paso a los edificios cercanos, y se comienza a derribar ruinas humeantes con el fin de que el escombro apague los fuegos. En ese trabajo muere la única víctima conocida del fuego el bombero madrileño Julián Sánchez, al ser herido en el derrumbe de la fachada de una casa en Atarazanas, suceso ocurrido en la mañana del lunes, día 17. Días después cientos de santanderinos, acompañaron consternados y agradecidos el cadáver hasta la estación del Norte.

Resulta asombroso que un incendio que afecto a tantas viviendas solo contabilizó esa muerte accidental y 100 heridos y lesionados y 1.000 casos de conjuntivitis. Las mujeres y los niños, como siempre en estos casos, eran los más ayudados por todos los ciudadanos. Se salvó a una mujer de un edificio en llamas agotada por los dolores del parto y otra fue ayudada para dar a luz en plena calle, sobre un colchón.

“AR:¿Toda una suerte que solo muriese una persona?

MS: Si, por supuesto. Las vigas, maderas y tejas volaban incendiadas por el aire como si de hojas de papel se tratasen. Yo no se como no le dio a nadie en la cabeza, era muy peligroso. Mucha gente se jugo la vida en los tejados, el viento era tremendo y podía tirar a cualquiera. Además había mucho peligro de derrumbe de fachadas.”

.El lunes 17 cesa el viento lo que favorece los trabajos de extinción. Los bomberos penetran en la zona calcinada y ahogan los últimos focos.

El martes, día 18, en un Boletín Oficial de Información el gobernador civil Carlos Ruiz García da instrucciones a la población sobre suministros y distribución de alimentos.

“Llegaron en auxilio de Santander los bomberos de Vitoria, de Valladolid, de Palencia… en una semana, por orden militar, no se pudieron encender fuegos en las casas para cocinar. Mi padre y el resto de bomberos voluntarios faltaron de casa los dos días del incendio. Me acuerdo mucho de los días posteriores, con los bomberos tirando las paredes de las casas calcinadas”

 “Era tremendo, por lo menos durante una semana no dejaban hacer fuego, así que no se podía ni cocinar, tuvimos que comer cosas crudas. Las autoridades tenían miedo de que volviese a quemarse Santander… era una tontería, el centro ya no existía, había desaparecido…”

Esa misma noche llegó el crucero ‘Canarias’ con las primeras ayudas para los afectados, aparte que con sus generadores dio luz de emergencia a la ciudad, pues los tendidos aéreos habían quedado destrozados, igualmente llegan las primeras cocinas de campaña y comienza la distribución de comida caliente entre los damnificados.

Quince días después se extingue el último foco del incendio una casa de la calle Cuesta, 376 edificios han sido reducidos a cenizas y cientos de comercios han quedado destruidos. El incendio destrozo gran parte del patrimonio artístico de Santander, casonas, palacios, iglesias, y edificios públicos desaparecieron , pero tambien afecto gravemente a su patrimonio económico, desapareció la mejor zona comercial y gran número de viviendas, arruinando a cientos de familias.

La familia de Julián Pelayo, perdió casa y negocios.

“Vivíamos en Ruamayor, con trasera a la calle de Cádiz. El fuego se llevó la casa, el gimnasio, la cafetería y la tienda de ultramarinos de mi padre. Fue una tarde terrible. El viento, a las cuatro de la tarde, ya era fortísimo. Cada tarde bajaba a jugar al Palacio Episcopal, donde era portero mi padre. Era un edificio estupendo, que también se llevó el fuego por delante. De mi casa al Palacio Episcopal había unos 150 metros. Nunca en mi vida he visto tantos cables de la luz tirados en el suelo como en aquel momento. Era de espanto”

Comienza la reconstrucción

La situación en al año 1941 previa al incendio tanto en Santander como en el resto de España era francamente mala. Eran los años del hambre. Había comenzado la II Guerra Mundial y a España no llegaban los suministros que hubiera necesitado después del terrible conflicto de la Guerra Civil.

Manolo Soto“Mala, la situación era mala porque la escasez era muy grande. Muy grande. Faltaba de todo. Desde la comida a los medios esenciales.”

Si bien nada pudieron hacer las autoridades para reducir la importancia del fuego se puede en cambio decir que gestionaron muy bien la continuación del desastre. Lo primero que hay que resaltar es que se evitaron tanto los movimientos de pánico como cualquier conato de pillaje.

El incendio fue rapidísimo, la gente estaba asustada, tanto que no dio tiempo ni siquiera a que alguien pudiera robar. Lo primero era salvar la vida”

“Se quemaron los almacenes El Águila, que estaban según bajabas La Florida enfrente. No quedó nada, era una almacén de ropa, sobre todo de caballero. Dicen que hubo un sólo muerto, un soldado al que echó el alto la policía porque había robado algo. No paró, le dispararon y murió. Son cosas que pasan en esas circunstancias. Me lo contaron así”.

«No hubo pillaje, ni detenciones. Tres o cuatro raqueros que hicieron alguna de las suyas, como algo habitual, pero no hubo asaltos, ni robos, ni nada. Primero porque, y eso hay que destacarlo, la actitud de la gente, el comportamiento de los santanderinos fue ejemplar, de verdad. No se oyó nada, la gente iba compungida y llorando, llevando sus pertenencias, pero en silencio, sin alboroto. Lo segundo es que nadie, ni hay noticias de ello, realizó asalto alguno.

A la gente que salía de las zonas abrasadas la encauzaron las autoridades hacia los jardines, los cines… Los del Oeste, a El Sardinero y los del Este, hacia el Hogar Cántabro y Cuatro Caminos.  La zona de las playas y turismo, se convirtió entonces en lugar de residencia improvisado para muchas familias, acogidos en el Hotel Sardinero de forma principal.

«Muchos también se querían refugiar en las iglesias, pero los templos tenían un gran inconveniente, no había aseos y sí en los cines. Llegan las primeras cocinas de campaña y comienza la distribución de comida caliente entre los damnificados.

Hubo una solidaridad ejemplar entre los conciudadanos, ante la imposibilidad de ayuda exterior, Las personas acogieron en sus casas a otros que cuando simplemente eran conocidos o amigos de amigos, algo difícil de pensar hoy en día o en otra ocasión.

El Jueves, día 20, el gobernador civil dicta un decreto por el que se obliga a todos los propietarios a reparar los tejados de los edificios y las salidas de humos en un plazo de 48 horas. Cada inquilino tenía que ayudar, junto a los llamados jefes de casas, a arreglar los tejados lo antes posible. Todo y todos eran válidos para intentar minimizar la catástrofe.Para el suministro de tejas se procede a la incautación de las tejeras ‘La Covadonga’, ‘Trascueto’ y ‘Agustín García’.

Tambien funcionó muy bien la solidaridad interregional, en unos años de auténtico hambre en toda España, llegaron alimentos y comida desde todas las regiones. Las radios de toda España, empezaron a difundir la noticia y comenzó el largo camino que tenía que recorrer la ayuda por las carreteras españolas de la época.

El día 18 llegaron 9 camiones con pan enviados desde Logroño; 120.000 kilos de arroz, 50.000 raciones de pan, 13.813 litros de vino, 8 cocinas de campaña, 1.000 mantas y 110 latas de sardinas llegadas desde Bilbao. Vitoria envió 10.000 raciones de pan, 10.000 de sardinas y 8.000 kilos de patatas.

Burgos ayudó con 6.400 kilos de pan, 500 de azúcar, 45 cajas de botes de leche condensada y un tren especial con 10.000 kilos de arroz, 39.000 de patatas, 30.000 de harina, dos vagones con conservas de pescado y 500 mantas. Asturias facilitó dos autobuses, 1.000 capotes-manta, 2.000 kilos de garbanzos, 5.000 de arroz, 111 abrigos, 50 chaquetas, 9 gabardinas y una radio para comunicar con el resto de España.

Palencia proporcionó trece reses troceadas, 20.000 kilos de alubias, 90.000 de patatas, 140 sacos con panes y dos vagones de harina. De Soria llegaron 35.000 kilos de harina y 3.000 de azúcar. Y de Zamora, 17.000 kilos de pan, 16.000 de harina, 7.000 de lentejas y 7.000 de garbanzos.

Medidas de urgencia

Desaparecieron 376 edificios en catorce hectáreas, se quemaron 6.000 pisos, afectó a 30.000 personas, desaparecieron 500 comercios El valor total de la propiedad inmobiliaria destruida ascendió a 85 millones de pesetas del año 1941, pero sumando el valor de los bienes perdidos en negocios calcinado perdidos superó los 250 millones.

Apagado el fuego, había que volver a vivir. La situación de posguerra no era la mejor para afrontar el problema pero no había otra posibilidad. La reconstrucción de la ciudad se llevo a cabo de la mejor manera que se podía realizar en la época.

El por entonces alcalde Emilio Pino hizo todo lo que estuvo en su mano para sacar adelante la ciudad y reconstruirla poco a poco, pero de la mejor manera posible. En la tarde del lunes 17, Emilio Pino, describe el terrible panorama y llega a decir que si no se reacciona rápido, «Santander puede perder la capitalidad de la provincia».

Ordena la inmediata construcción de barracones en todos los espacios disponibles de la ciudad, donde se pudieran instalar artesanos y comerciantes cuyos negocios han sido destruidos por el fuego. No habían pasado dos semanas cuando el Ayuntamiento tenía en su poder 250 peticiones de apertura de comercios.

“AR: ¿Qué pensaba en los meses posteriores a la catástrofe y como vivió la reconstrucción de la ciudad?¿Fue muy importante el alcalde Emilio Pino?

MS: Hombre, el alcalde hacía lo que podía. Era muy complicado, pero si, lo hicieron bien. La situación era extraña, mucha gente vivió en el hipódromo, en unas naves durante mucho tiempo. Estaba prohibido encender los fogones y había mucha precaución. La verdad es que se perdió Santander, su centro, la Plaza Vieja, que era donde se reunía la gente, la calle Blanca, la calle San Francisco…”

Una semana después, se inician las construcciones, obras sencillas, consistentes en una sola planta, un almacén y un servicio higiénico en la trastienda. Los primeros se empiezan a erigir en la plaza recién bautizada como de José Antonio. Otro bloque de pabellones se levantó en la Plaza del Príncipe, y en la calle del Obispo Plaza García de alzaron seis tiendas de mayor tamaño; en la Primera Alameda y hasta la calle Burgos se instaló un continuo de barracones alineados.

Barracón donde se instaló provisionalmente la tienda de fotografía Samot

“A las ocho de la tarde nos marchamos de casa; el fuego ya estaba en nuestra puerta, y ya estaban los edificios de la calle Cádiz, a pocos metros del nuestro, quemándose y los tejados ardiendo. Mi padre y los cuatro hermanos salimos hacia la cuesta Garmendia, pero era todo terrible, mucho miedo. Así que nos refugiamos en la calle Magallanes, en casa de mi tía, que tenía una tienda.

Fue un drama, perdimos todo… un gimnasio muy grande, donde se entrenaban conocidos boxeadores de la época. Salimos adelante muy mal. Mi padre entró a trabajar en una tienda en la calle de La Enseñanza, y después se instaló en la plazuela de Pombo, en uno de los barracones que se pusieron para dar acogida a los comerciantes. Pero no fue bien, porque los clientes se habían dispersado porque sus casas habían quedado arrasadas.

Después del incendio recuerdo los barracones. En uno de ellas estaba la cafetería La Flor“

Según José Luis Casado Soto la reconstrucción de la ciudad fue una empresa compleja. Los responsables políticos tuvieron que adoptar decisiones trascendentes referidas a la propiedad de los solares, el relieve del terreno, el trazado de las calles, etc. El 15 de abril se promulgó la ley que creaba el cargo de Delegado Estatal del Gobierno para la Reconstrucción de Santander. En septiembre se autorizó al Ayuntamiento a expropiar las fincas de la zona siniestrada y a concertar un crédito. Las expropiaciones costaron 20 millones de pesetas.

“Era muy impactante. En los días siguientes no dejaban entrar en la zona pero un amigo y yo nos recorrimos todas las calles quemadas por fuera. Había muchísimos escombros, salían camiones llenos, con toneladas de escombros”

El régimen asumió la reconstrucción de la ciudad y no se escatimaron gastos para demostrar la fuerza y el buen hacer del sistema político. Santander resistió gracias a sus ciudadanos, acabó con el fuego gracias a la ayuda exterior y se levantó gracias a un buen plan de actuación y a un régimen al que no le interesaba perder Santander con lo poco que le costó ganarla.

Su reconstrucción estuvo precedida por un proceso de renovación urbana (Plan de Reforma Interior) que cambió parte importante de la configuración de la ciudad, del que todavía quedan ecos. El incendio dejó libres 115.421 m2 de suelo urbano situado en el centro físico de la ciudad de Santander, que fueron expropiados para concentrar los solares. Pero fue sobre todo una ocasión favorable para dejar terrenos a disposición de negocios inmobiliarios en una zona donde el valor del suelo era y es objeto de una creciente plusvalía.

Por ello, además, el incendio tuvo otra clase de consecuencia. La población envejecida y escasa de recursos que vivía en la zona afectada, no tenía capacidad para hacer frente a los gastos de la reconstrucción, por lo que fueron realojados en barriadas periféricas promovidas primero por la iniciativa pública y luego por la privada.

Tras el incendio de 1941 surge la redacción del Plan Comarcal de 1954. Supuso soluciones muy diversas para la situación de la ciudad. Esta, que se recuperaba del incendio, estaba creciendo a impulsos de esa recuperación y necesitaba un planeamiento que mirara no sólo por el espacio de la ciudad hacia la bahía, sino por todo el entorno incluyendo zonas como el Sardinero.

El Plan Comarcal era bastante genérico en sus concepciones pero muy preciso en las condiciones de intensidad de edificación. Utilizó la idea de manzana para toda la parte en contacto con el núcleo principal y así se continuó en las reformas interiores de la ciudad para recuperar el deterioro producido. Pero, apareció el entonces nuevo concepto de bloque aislado como base de la ciudad en las barriadas periféricas, un equilibrio  entre experiencias tradicionales y experimentos modernos.

Hay en el proyecto tres manifestaciones urbanas, por un lado, las reformas interiores que continúan la lógica de ensanche decimonónico, El uso del bloque abierto en configuración fundamentalmente paralela y, por último, el empleo del bloque aislado o escultórico que atiende sobre todo a expresar la tipología interior de las viviendas.

En cuanto a la zona afectada propiamente dicha, la nueva ordenación, que adoptó la figura de un Plan de Reforma Interior escrito en 1941, se basó en una serie de principios fundamentales que pretendían mejorar la articulación y movimiento de toda la ciudad.

El primero de ellos fue la mejora del sistema viario mediante un nuevo trazado para el tranvía que superaba las dificultades derivadas de las calles estrechas e irregulares del casco histórico., mediante un modelo de ensanche con trama octogonal compuesta por calles amplias en las zonas de mayor confluencia de tráfico. Como ejemplo de esto último se podría citar el ensanchamiento de la antigua calle de “Atarazanas”, que pasó a llamarse “Avenida de Calvo Sotelo”.

El segundo criterio era crear un centro comercial por constituir el área en donde estaban emplazados la mayor parte de los establecimientos comerciales de aquel entonces. En la nueva ordenación, las calles que se planteaban de carácter más comercial son “San Francisco”, “Avenida Calvo Sotelo” y “Juan de Herrera”. Por otra parte, se vio imprescindible crear un espacio que acogiera una plaza principal como nuevo centro representativo de la ciudad: la Plaza Porticada, sede hoy en día de algunos edificios oficiales.

Asimismo, la reconstrucción quiso revalorizar los edificios religiosos que ya existían en la zona, como la Catedral de Santander, la cual requirió una reconstrucción debido a los daños derivados del incendio; y de la misma forma se trató el caso la iglesia de la Anunciación, junto a la cual se construyó una plaza del mismo nombre.

Finalmente, la reconstrucción trajo consigo un fenómeno que cambió  notablemente el funcionamiento de la ciudad: el desplazamiento de la población de clases bajas asentadas en las viejas casas del centro hacia la periferia, lo que originó elmconsiguiente crecimiento de la ciudad en sus márgenes.

En principio, la vivienda obrera se situó en puntos aislados del casco urbano, generalmente distantes del centro. En estos casos, la gestión para la edificación partía de organismos estatales municipales que construyeron casas baratas de tipo casi o totalmente suburbial  (200 “casucas” de Canda Landáburu en La Albericia, viviendas en el barrio de Campogiro en Peñacastillo y bloques de viviendas subvencionadas por la Obra Sindical del Hogar, en general de baja calidad, como son el Grupo Pero Niño (único barrio para clases modestas que se levanta en el espacio siniestrado), y en el extrarradio, los grupos de los Santos Mártires (162 viviendas), José María de Pereda, Pedro Velarde  y el Barrio Pesquero.

Félix Maocho

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6 julio 2012 - Posted by | La Esfera |

2 comentarios »

  1. Londres Lisboa , San Francisco etc etc en todas partes cuecen habas

    Comentario por Ernesto Garcia | 13 julio 2012 | Responder

    • las catástrofes de estas dimensiones ocurren siempre por coincidir una serie de circunstancias adversas, no solo por un único motivo, a un incendio normal, se unió un viendo de 140 m. hora, unas calles muy estrechas y una construcción fundamentalmente en madera. La mezcla fue imparable.

      Es como la catástrofe de Fukushima, se juntaron en un mismo punto, una central nuclear, un terremoto de fuerza 9 y un maremoto de 11 metros. Si solo hubieran ocurrido dos de esas circunstancias, posiblemente no hubiera ocurrido nada de importancia, pero se superó cualquier expectativa previsible.

      Comentario por felixmaocho | 14 julio 2012 | Responder


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