Tarot – El Carro
Publicado por felixmaocho en 19 Octubre 2008
El último Arcano relacionado con el Intelecto y la Razón, El Carro es la imagen del Tarot representante del triunfo, la Asunción del Éxito, la Consecución del Deseo.
Atravesando el campo, fuera de los caminos, un guerrero en píe, vestido con coraza, cubierta la cabeza con una corona y sosteniendo un cetro la mano derecha, se exhibe bajo un palio en un carro tirado por dos caballos. En los hombros del guerrero, dos charreteras tienen forma de máscaras con una mirada que se pierde en el cielo. El carro tiene pintado un escudo heráldico que no concuerda con el pintado en la coraza del guerrero. Las ruedas está representadas en dirección perpendicular a la marcha del carro. Como otros personajes del Tarot, también el guerrero presenta cuatro dedos en las manos.
Alude el Carro a los desfiles triunfales que se daban a los vencedores de grandes batallas. Montados en un carro de guerra engalanado, acompañados de sus tropas y exhibiendo los cautivos y trofeos conseguidos, atravesaban la calle principal de la ciudad para ser aclamado por el pueblo. La diferencia con esta visión del triunfo es que aquí el vencedor aparece en la soledad del campo. Se indica que los triunfos a los que se refiere son personales y no tiene más espectador que su protagonista.
Otro aspecto a tener en cuenta, es que aparece coronado y con un cetro, pero solo es un guerrero, no es el rey. Se le ha prestado cetro, corona, incluso el carro del homenaje, para dar más lucimiento al acto, por ello el escudo del carro no coincide con el que tiene pintado en su coraza, el escudo de su linaje. Cuando finalice el desfile, deberá devolver esos atributos de poder a su legítimo dueño, que será además el que se quede con la mayor parte de los beneficios de la victoria. Lo más valioso que le queda al guerrero será la espada que le diera la victoria y el honor de haberla conseguido.
El palio sostenido por las cuatro columnas representa el cielo estrellado, el éxito, el suelo del camino, la derrota. Entre los dos extremos, situado sobre la plataforma del carro, se encuentra el guerrero. Ha triunfado, se libró del deshonor, pero la victoria por grande que sea no es completa, solo es un peldaño más hacia un triunfo total, que siempre será inalcanzable.
Las columnas que sostienen el palio son cuatro, como los palos de la baraja, como los elementos alquímicos que componen la naturaleza, y las artes necesarias para conseguir el éxito, que ha de saber el guerrero manejar inteligentemente el guerrero, tanto las virtudes, Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, como los elementos materiales puestos a su disposición simbolizados por los palos de la baraja, Dinero, Amistad, Astucia y Trabajo.
Según la baraja, cambian los animales que forman el tiro del carro, dos caballos, dos leones, o animales mitológicos como hipogrifos o esfinges. Los animales que tiran del carro representan las consecuencias de la victoria que deben ser domadas y uncidas al carro para evitar que se transformen en un peligro. Dos son riesgos a encadenar, la Soberbia y la Depresión, Reacción inmediata a una victoria es creernos más importantes, inteligentes y fuertes que los que los demás, llegando a ser insoportables para los que nos rodean. El otro riesgo, es que, pasado el primer momento de euforia, nos hundamos al notar que la gente olvida pronto nuestro momento de gloria.
Las ruedas en dirección perpendicular a la marcha, indican lo imprevisible de las consecuencias del éxito conseguido, la marcha de los acontecimientos puede ser diferente a la que aparece como evidente a primera instancia.
Otra vez el número cuatro aparece en el número de dedos de las manos del triunfador. Como hemos indicado el cuatro se asocia también a los cuatro elementos alquímicos, quien los domina puede crear cualquier cosa, pues todo es la adecuada mezcla de los cuatro elementos, el que domina los cuatro elementos es un creador. Para triunfar hay que ser también creador, solo el que inventa nuevas soluciones a los problemas de siempre, es adornado con la corona del triunfo.
A continuación incluyo la biografía de Julio Cesar relacionada con el carro Tarot
Julio Cesar Dictador de la República Romana
El Tarot incide siempre en la idea que no hay nada que no hay valor puro, que todo tiene un carga de imperfección que desvirtúa su valor, pero por otra parte permite dar una humanidad a las cosas que le faltaría si fueran valores puros. De esta dualidad no podía escapar el triunfo. Para el Tarot, el triunfo público viene acompañado inevitablemente por fracaso privado, pero la soledad y la traición. El triunfador busca la felicidad absoluta, pero el triunfo solo le otorga poder, algo que por si mismo, no da felicidad. El trinfador busca acabar sob sus enemigos, pero estos se reproducen hasta la saciedad y acaban apareciendo en su propia casa.
La figura e historia de Julio Cesar como ejemplo de triunfo, como ejemplo de persona que sacrifica familia, amigos, riqueza,… en búsqueda despiadada de de un triunfo. Un triunfo que aleja la meta cada vez que parece que la vas a alcanzar, que no lleva a título personal a ninguna parte, excepto a la insatisfacción, la soledad y la traición.
Gaius Julius Caesar, nació el 13 de julio de 100 a. C., su madre, Aurelia, era de la gens Aurelii, los Aurelii Cottae; pero de escasa fortuna. César creció en la Subura, uno de los barrios más pobres de Roma. Su padre llamado como él, Cayo Julio César, era de la gens de los Julia, que según la leyenda, se remontaba hasta Iulo, hijo del príncipe troyano Eneas y nieto de la diosa Venus. Fue un político que llegó a pretor, muriendo en campaña, estaban emparentado con los hombres más influyentes de Roma, como Cayo Mario.
Para Tácito y Plutarco, su madre encarna el ideal de matrona romana, ejemplar por la educación y la devoción que siente hacia sus hijos y su familia. Habiendo enviudado en 85 a. C., no volvió a casarse y siguió viviendo con su hijo. Cesar único hijo varón, su infancia transcurre entre mujeres. Recibió la mejor educación que pudieron permitirse. Con diez años fue confiado a Marco Antonio Grifón, retórico alejandrino, versado en literatura griega y romana. Aprendió a leer con la Ilíada y la Odisea; en latín y después con el original en griego, así mismo, aprendió oratoria y poesía.
Padecía crisis epilépticas que le hacían perder el conocimiento. Suetonio menciona dos de estas crisis, y Plutarco una. Se sabe que durante la Batalla de Tapso; sufrió un ataque epiléptico que le impidió el mando.
Finalizados sus estudios, ejerció como abogado en Roma. En ese tiempo había duros enfrentamientos, por el mando del ejército que debía ir a combatir al rey Mitrídates VI del Ponto, entre entre Cayo Mario, su tío y Sila, Dictador de Roma. lo que fue la causa de la marcha de Sila sobre Roma, y del Golpe de Estado de Mario y Cinna, iniciándose un período de tres años en el que Cinna dirigió el Estado en calidad de cónsul.
Cinna nombra a César (de 16 años), sacerdote de Júpiter, (flamen dialis) y lo casó con su hija Cornelia Flaminia tras divorciarlo de un matrimonio anterior. Tras el asesinato de Cinna y las derrotas del hijo de Cayo Mario a manos de Sila, el líder conservador entró en Roma. César era de la familia de los perdedores, era sobrino de Mario y estaba casado con la hija de Cinna, Toda la familia de Cinna fue declarada réproba y Sila ordenó a Cesar divorciarse de su esposa, pero para sorpresa del dictador, Cesar se negó. Enfurecido, Sila, anuló su nombramiento como flamen dialis, confiscó su fortuna, y ordenó su asesinato.
César huyó de Roma. Una noche fue sorprendido, pero pudo salvarse sobornando a los sicarios. Tras escapar de los hombres de Sila, su familia intercedió por él lograron convencer al dictador que le perdonara la vida. César juzgó prudente alejarse de Roma y marchó a Oriente para participar en la guerra contra Mitrídates VI del Ponto bajo las órdenes del cónsul Marco Minucio Termo. Durante el sitio de Mitilene, se le ordenó ir a Bitinia para solicitar a Nicomedes IV la cesión de una flota para asaltar la ciudad. Parece que el rey asiático quedó deslumbrado de la belleza de Cesar agasajandolo en exceso.
Este suceso fue divulgado por sus enemigos en Roma. La homosexualidad pasiva, a diferencia de la activa, era considerada en Roma una práctica inmoral, sus enemigos le apodaron «la reina de Bitinia», César siempre desmintió este hecho. No obstante por su capacidad de mando y arrojo personal encomiables, Minucio Termo, concede la corona cívica, la condecoración al valor más alta que se otorgaba en la República Romana. Tras la muerte de Sila, regresa a Roma e trabaja como abogado, haciéndose famoso por su cuidada oratoria. Poco después, en el año 73 a.C. A la muerte de su tío, es elegido para sustituirle como Pontifex entrando de esa manera en el Colegio de Pontífices, un organismo religioso de gran importancia en la vida de Roma.
César decidió ir a Rodas para estudiar filosofía y retórica con Apolonio Molón, que era considerado el mejor filósofo de la época. Durante el viaje, su barco fue asaltado piratas que lo raptaron. Treinta y ocho días después, llego el rescate y César fue liberado. Una vez recuperada su libertad, organizó una fuerza naval que capturó a los piratas en su refugio y los llevó a Pérgamo. Una vez capturados, César los mandó crucificar, tal como les había prometido, aunque en un gesto de “compasión” ordenó que primero los degollaran.
Posteriormente César sirvió como cuestor en Hispania donde guerreó con éxito contra los lusitanos, y en 63 a. C. fue elegido por sufragio pretor urbano (alcalde) de Roma. El cargo, era el primer paso para llegar a la magistratura suprema, pero podía ser el último, pues incluía la organización de los juegos en el Circo Máximo, que debido a lo limitado del presupuesto, exigía la utilización de fondos personales. César, pretendía realizar unos juegos memorables para impulsar su carrera política. Llegó a desviar el Tíber para inundar el Circo y ofrecer una naumaquia, un combate entre barcos. Acabó el año con grandes deudas pero los espectáculos que fueron recordados durante mucho tiempo por el pueblo y que le dieron fama popular.
El año que fue nombrado edil fue un año especialmente difícil para César y para Roma, hubo una conspiración para destituir a los magistrados electos y reducir el poder del Senado liderada por Lucio Sergio Catilina. No se celebró un juicio contra ellos, pero casi todos los acusados de conspiración, y Catilina, estuvieron presentes en las sesiones del Senado en las que se les “juzgó”. El resultado fue una sentencia de muerte para cinco aliados de Catilina y para el propio Catilina. César se opuso a la pena de muerte, pero la insistencia de Marco Porcio Catón el Joven, hizo que se cumpliera la sentencia. Con todo ello Cesar iba acumulando opositores políticos del bando de las conservadores, que le acusaran de formar parte de la conspiración, pero nunca pudieron probar nada.
Su éxito como edil hizo que fuera elegido Pontifex Maximus. A la vez que acumulaba honores, y enemigos, el día de su elección, había sospechas de que sufriría un atentado, Julio César dijo a su madre: “hoy verás a tu hijo muerto en el Foro o vistiendo la toga del sumo pontífice”.
El cargo implicaba la preeminencia en la vida religiosa de Roma. Un escándalo marco sus pontificado. Después de la muerte de Cornelia Cinna, César se había casado con Pompeya Sila nieta de Sila. Como esposa del Pontifex Maximus, Pompeya era responsable de los ritos de Bona Dea, una liturgia exclusivamente femenina, donde los hombres no podían participar. Durante la celebración del año 62 a.C. Publio Clodio Pulcro consiguió entrar disfrazado de mujer, con el propósito conquistar a Pompeya. En respuesta a este sacrilegio, del cual Pompeya no era culpable, Cesar se divorció de Pompeya, pues aunque no la consideraba culpable, “la mujer de César no sólo debe ser honrada, además debe parecerlo”.
En 59 a. C. fue elegido cónsul con el apoyo de sus dos aliados políticos Pompeyo y Craso, Su nuevo paso por Hispania no se encuentra bien documentado; sabemos que hubo una pequeña y rápida guerra en e Lusitania que le proporcionó un buen crédito como líder castrense. el éxito militar hizo que el Senado le concedió un triunfo.
No pudiendo impedir la candidatura de César, Craso eligió como candidato a su yerno Marco Calpurnio Bíbulo, por otra parte Pompeyo empezó a repartir dinero para comprar los votos. En las elecciones del año 59 a. C. César fue primero con diferencia y Bíbulo ganó el segundo puesto.
Bloqueado políticamente Pompeyo, y ante la perspectiva de que César, sediento de gloria y con dotes militares, gobernase una provincia, Catón planteó que estando Italia plagada de bandidos después de la rebelión de Espartaco, sería bueno para la República encargar a los cónsules que acabaran con ellos.
El Senado acogió favorablemente la idea, que se convirtió en ley. Con ello parecía que César pasaría su consulado, entre aldeanos y pastores italianos, como policía. Era una decisión arriesgada,. pero al aprobarla el Senado, si César no la aceptaba sería declarado un criminal, como Catilina. Así pues fueron hechos cónsules los tres candidatos.
Buscando una alianza con Pompeyo, en la primera reunión del Senado, César trató de que se aprobara el dar tierras como recompensa a los veteranos de Pompeyo. Catón se negó, entonce Cesar retiró del Senado su Ley Agraria y la llevó a los Comicios. Roma empezó a llenarse de veteranos de Pompeyo deseosos que se aproibara la ley. Cesar tenía fácil hacer aprobar su ley por el pueblo, pero eso era ir contra la voluntad del Senado lo que arruinaría su carrera política.
La verdadera estrategia de César salió a la luz en la votación, en el Senado, la primera persona en hablar en favor de sus veteranos fuese Pompeyo; lo que era lógico, pero la segunda persona que apoyó la moción fue Marco Licinio Craso, lo que resultó una sorpresa, Juntos los tres, podrían repartirse la República como gustasen. Se designan esta unión como el primer triunvirato. Para confirmar la alianza, Pompeyo se casó con Julia Caesaris, la única hija de César.
En los intereses de cada uno está la razón de la unión de estas tres personalidades, Pompeyo necesitaba a César para conseguir tierras para sus veteranos; Craso quería un mando proconsular que le diera la gloria, que no había conseguido en la represión de Espartaco y César necesitaba el prestigio de Pompeyo y de los fondos de Craso para poder conseguir la provincia que ansiaba. Marco Bíbulo y los conservadores empezaron a usar el veto para oponerse a las propuestas de César; pero dominado el Senado, César llevó sus proyectos directamente a los Comicios, donde se aprobaban, por el apoyo de los veteranos de Pompeyo.
Tras un año difícil como cónsul, César recibió por fin los poderes proconsulares para gobernar la Galia Transalpina (actualmente el sur de Francia) e Iliria (la costa de Dalmacia) durante cinco años, gracias al apoyo de los otros dos miembros del triunvirato, a estas dos provincias se añadió la Galia Cisalpina tras la muerte inesperada de su gobernador Quinto Cecilio Metelo Céler.
Su gobierno fue muy agresivo contra los celtas, César hizo una demostración de fuerza construyendo por dos veces un puente sobre el Rin e invadiendo en dos ocasiones Germania sin intención de conquistarla, e hizo otro alarde de fortaleza cruzando el Canal de la Mancha también por dos veces hacia las Islas Británicas. Posteriormente inició la Guerra de las Galias, que finalizó con la rendición del último jefe galo Vercingétorix. Aunque las cifras deben tomarse con precaución, Plutarco dice que la guerra acabó con 800 ciudades tomadas, 300 tribus sometidas, 1.000.000 de galos reducidos a la esclavitud y otros 3.000.000 muertos en los campos de batalla. Plinio habla de 1.192.000 muertos y más o menos los mismos prisioneros.
En varias ocasiones utilizó la táctica de la “Guerra Relampago” en las mismas tierras donde Hitler lo haría siglos después pero con medios mecanizados, sorprender al enemigo apareciendo ante él como por ensalmo. Después de varios días de marchas forzadas, hacía que sus soldados se enfrentasen con el adversario, cuando éste consideraba que estaba fuera de su alcance.
Fue igualmente brillante en los asedios. En su última batalla el sitio de Alesia, ordenó construir un doble cinturón de fortificaciones, para defenderse con diez legiones, menos de 50.000 efectivos, de casi 300.000 galos que intentaban ayudar a los 80.000 soldados de Vercingetórix asediados en la ciudad. César, tras ocho años de guerras en las Galias, venció a unos y a otros en la misma batalla, que supuso el fin de los galos. Con lo que extendió el dominio de Roma a los territorios que hoy integran Francia, Bélgica, Holanda y parte de Alemania. Fue el primer general romano en penetrar en los inexplorados territorios de Britania y Germania.
Mientras César organizaba las nuevas provincias anexionadas, sus enemigos políticos en Roma tratan de quitarle el poder utilizando el Senado, a pesar de sus éxitos y de los beneficios que la conquista de Galia llevó a Roma, César continuaba siendo impopular entre sus pares, en particular entre los conservadores que temían su ambición.
En el 56 a. C., el triunvirato se tambaleaba, pues Pompeyo no se fiaba de Craso y creía que era el que mantenía en la sombra a Clodio y sus secuaces, que estaban sembrando la violencia en Roma. Ante esta situación, César convocó a una reunión a sus dos aliados en la ciudad de Lucca, pues no podía ir a Roma sin renunciar a su imperium. A dicho encuentro asistieron además unos doscientos senadores, las dos terceras partes del Senado, En el se acordó el “Convenio de Lucca” por el que Pompeyo y Craso se presentaran al consulado y que, una vez cónsules, promulgarían una ley por la que el proconsulado de César se alargara cinco años más.
En 55 a. C., muere Licinio Craso, en la Batalla de Carrhae, frente a los partos, durante la desastrosa campaña condenada al fracaso por una pésima planificación. Este desastre acaba por romper el triunvirato. Todavía en la Galia, César trata de asegurarse la alianza con Cneo Pompeyo Magno proponiéndole matrimonio con una de sus sobrinas, pero éste prefirió casarse con Cornelia Metela, hija de Quinto Cecilio Metelo Escipión, perteneciente a la facción optimate.
Días después, tras la victoria de César en la Alesia, Celio, como tribuno, lanzó una propuesta de ley adicional: César sería dispensado de la obligación de acudir a Roma para presentar su candidatura al consulado. Esta medida suponía que los opositores y enemigos de César que pretendían procesarle por los supuestos crímenes de su primer consulado perderían toda posibilidad de juzgarle, puesto que César en ningún momento dejaría de desempeñar una magistratura. Mientras fuese procónsul, César tendría inmunidad judicial, pero si se veía obligado a entrar en Roma para presentarse al consulado perdería su cargo y, durante un tiempo, podría ser atacado con toda una batería de demandas de sus enemigos.
Catón y los enemigos de César se opusieron frontalmente, con lo que el Senado se vio envuelto en largas discusiones sobre el número de legiones que debería de tener bajo su mando y sobre quién debería ser el futuro gobernador de la Galia Cisalpina e Iliria. El poder de César era visto por muchos senadores conservadores como una amenaza. Si César regresaba a Roma como cónsul, no tendría problemas para hacer aprobar leyes que concediesen tierras a sus veteranos, y a él una reserva de tropas que superase o rivalizase con las de Pompeyo. César regresó a Roma con toda celeridad. Por orden del Senado, tuvo que detenerse en el Campo de Marte, teóricamente para poder celebrar su entrada triunfal, pero con ello le impiden presentar en plazo su candidatura al consulado. Catón, portavoz de los optimate, se oponía que César, de la facción contraria, fuera elegido cónsul, por lo que sabiendo que se debía aprobar la candidatura antes de la puesta del Sol, estuvo hablando hasta bien entrada la noche.
Pompeyo finalmente se decantó por favorecer a los tradicionalistas y emitió un veredicto claro: César debía de abandonar su mando la primavera siguiente, faltando todavía meses para las elecciones al consulado, tiempo más que suficiente para juzgarle. Pero cuando el Senado le contestó definitivamente impidiéndole concurrir al consulado y poniéndole en la disyuntiva de licenciar a sus Legiones o ser declarado enemigo público, comprendió que, escogiera la alternativa que escogiera, se entregaba inerme en manos de sus enemigos políticos. El 1 de enero de 49 a. C., Marco Antonio leyó una carta de César en el Senado, en la cual el procónsul se declaraba amigo de la paz. Tras una larga lista de sus muchas gestas, propuso que tanto él como Pompeyo renunciaran al mismo tiempo a sus mandos. El Senado ocultó este mensaje a la opinión pública. Metelo Escipión dictó una fecha para la cual César debería haber abandonado el mando de sus legiones o considerarse enemigo de la República. La moción se sometió inmediatamente a votación.
Sólo dos senadores se opusieron, Curio y Celio. Marco Antonio, como tribuno, vetó la propuesta para impedir que se convirtiera en ley. Tras el veto de Marco Antonio a la moción que obligaba a César a abandonar su cargo de gobernador de las Galias, Pompeyo notificó no poder garantizar la seguridad de los tribunos. Antonio, Celio y Curio se vieron forzados a abandonar Roma disfrazados como esclavos, acosados por las bandas callejeras.
Sin embargo, en las siguientes elecciones para tribuno de la plebe fue elegido Curio, que se reveló como cesariano, vetando todos los intentos de apartar a César de su mando en las Galias. Jurídicamente, todos los intentos consulares de apartar a César de sus tropas se veían anulados por la tribunicia potestas.
El Senado proclamó el estado de emergencia y concedió a Pompeyo poderes excepcionales, nombrándole cónsul sine collega. Catón y Marcelo instaron al Senado a que pronunciara la famosa frase “Caveant cónsules ne quid detrimenti res publica capiat” (Cuiden los cónsules que la república no sufra daño alguno), que equivalía a dictar la ley marcial, e instaron a Pompeyo a trasladar inmediatamente sus tropas a Roma.
En vista de ello César arengó a una de sus legiones, les explicó la situación preguntándo si estaban dispuestos a enfrentarse con Roma, en una guerra donde serían calificados de traidores en caso de perderla. Los legionarios respondieron con la decisión de acompañarlo. Entre el 7 y el 14 de enero de 49 a. C. César recibió la noticia de la concesión de los poderes excepcionales a Pompeyo, e inmediatamente ordenó que un pequeño contingente de tropas cruzara la frontera hacia el sur y tomara la ciudad más cercana. Al anochecer, junto con la Legio XIII Gemina, César avanzó hasta el Rubicón, la frontera entre la provincia de la Galia Cisalpina e Italia y, tras un momento de duda, dio a sus legionarios la orden de avanzar, fue entonces cuando pronunció el famoso: Alea iacta est. La suerte está echada.
Cuando los optimates conocieron la noticia, abandonaron la ciudad declarando enemigo de Roma a todo aquel que se quedase en ella. Luego, marcharon hacia el sur. César persiguió a Pompeyo hasta el sur de Italia, éste se replegó a Grecia con sus seguidores. Entonces, hubo de tomar la decisión de perseguir a Pompeyo, dejando sus espaldas desguarnecidas o dejarlo organizarse en Grecia, y atacar sus legiones en Hispania para asegurar su retaguardia.
César se dirigió a Hispania en una marcha forzada de 27 días, y derrota tras varias escaramuzas y batallas a los seguidores de Pompeyo, finalmente en la Batalla de Ilerda, (Lérida). los derrota definitivamente. Sólo cuando considera segura su retaguardia, organiza las instituciones políticas en Roma, y César se dirigió a Grecia. Inicialmente es derrotado en la Batalla de Dirraquium. Sin embargo, Pompeyo no supo sacar fruto de esta victoria. César consigue huir con su ejército casi intacto, el encuentro final se dio poco después, el 9 de agosto, en la Batalla de Farsalia. César obtuvo una victoria aplastante, gracias a un ardid táctico. Con todo sus enemigos consiguieron huir: Cneo Pompeyo Magno partió hacia Rodas y de ahí a Egipto, Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón marcharon hacia el norte de África.
De regreso a Roma, Cesar fue nombrado dictador, con Marco Antonio como Magister equitum, y fue, junto a Publio Servilio Vatia Isaúrico como colega junior, electo cónsul por segunda vez.
En 47 a. C., César se dirigió a Egipto en busca de Pompeyo, pero el viejo aliado y enemigo había sido asesinado el año anterior. Tal vez debido a esto, César decidió intervenir en la política egipcia y substituyó al rey Ptolomeo XIII de Egipto, que ya tenía la dignidad de faraón, por su hermana Cleopatra que creía más afín a Roma. Durante su estancia, quemó sus naves para evitar que las usaran en su contra, lo que provocó el incendio de un almacén de libros anexo a la Biblioteca de Alejandría.
César tuvo un romance con la reina de Egipto y de la relación parece que nació un niño, el futuro Ptolomeo XIV de Egipto (Cesarión), que sería el último faraón de Egipto, si bien César nunca llegó a reconocerlo oficialmente como hijo suyo. Después de las campañas de Egipto, César se dirigió al Asia Menor, donde derrotó a Farnaces rey del Ponto en la Batalla de Zela, en la cual pronunció la famosa frase de Veni, vidi, vici (Fui, vi, vencí), por la facilidad de su victoria; y después se dirigió al norte de África para atacar a los líderes de la facción conservadora allí refugiados.
En la Batalla de Tapso en 46 a. C., César obtuvo una victoria más y vio desaparecer a dos de sus más encarnizados enemigos: Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón. Pero los hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto Pompeyo Fastulos, así como su antiguo legado principal en las Galias, Tito Labieno, consiguieron huir a las provincias de Hispania.
La victoria total de su facción dotó a César de un poder enorme y el Senado se apresuró a legitimar su victoria nombrándolo dictador por tercera vez en la primavera del 46 a. C., por un plazo sin precedentes de diez años.
En Roma celebró sus triunfos, ofreciendo cuatro desfiles triunfales, Galos, egipcios, asiáticos y africanos desfilaron encadenados ante la multitud, mientras jirafas, carros de guerra britanos y batallas en lagos artificiales dejaban boquiabiertos a sus conciudadanos. En el desfile triunfal contra Farnaces II, contó con una carroza que portaba el lema «Veni, vidi, vici». Durante las celebraciones fue ejecutado ritualmente Vercingetórix, que había permanecido en una cárcel de plata desde su captura tras Alesia. La guerra civil entre romanos fue enmascarada por las victorias contra extranjeros y las celebraciones no tuvieron precedentes en sus dimensiones y duración.
Aunque bajo su gobierno se experimentó un periodo de gran prosperidad, rebajó el alquiler de las casas, en Roma hasta la suma de 2.000 sestercios, en el resto de Italia hasta 500. Merece mención la actividad constructiva de César, se emprendió numerosos proyectos de reforma de edificios públicos en Roma y creó otros muchos nuevos, en torno al Campo de Marte y el nuevo complejo del Foro. en el centro de la plaza se alzaba la estatua ecuestre de César, ante el templo de su divina antepasada, Venus Genetrix En dicho templo se encontraba la estatua de la diosa, instalada en el ábside del templo, era obra de Arcesilas.
Una de sus decisiones fue corregir el calendario, había tal desorden que las fiestas de la recolección no caían ya en estío, ni las vendimias en otoño. Ajustó el año al curso del sol, y lo compuso de 365 días, suprimiendo el mes intercalado y aumentando un día cada cuatro años. Para que este nuevo orden de cosas pudiera comenzar en las calendas de enero del año siguiente, añadió dos meses, entre noviembre y diciembre, teniendo por consiguiente este año quince meses, contando el antiguo intercalario que ocurría en él.
Esta reforma, la conocemos como el Calendario juliano, que partiendo del año 153 a. C. se toma como inicio del año el 1 de marzo, lo que ha coloca a los meses de septiembre octubre y novienbre a las posiciones 7, 8 y 9 como que indican sus nombres. El calendario juliano cuenta como bisiestos uno de cada cuatro años, incluso los seculares. Con este calendario se comete un error de 7,5 días cada 1.000 años. Ello supuso una gran mejora, pero cambios posteriores estropearon ampliando los desfases hasta que el papa Gregorio VIII lo volvió a instaurar definitivamente practicamente igual.
En el invierno del año 46 a. C., estalló una rebelión en Hispania, liderada por los hijos de Pompeyo. Los hermanos Pompeyo y Tito Labieno consiguieron reunir un nuevo ejército A finales del 46 a. C. tomaron el control de casi toda Hispania Ulterior, incluyendo las colonias romanas de Itálica y de Corduba, la capital de la provincia. César, ante el peligro, regresó a Hispania y tras algunas escaramuzas, los derrotó finalmente en la Batalla de Munda.
César, después de vencer se mostró desconfiado, pensando en la posibilidad de un inminente intento de asesinato y se hizo que lo acompañara una escolta de 2.000 hombres. Razones no le faltaban, un grupo de senadores formado por hombres de su confianza como Bruto y Casio urdieron una conspiración con el fin de eliminarle, lo que llevaron a cabo en los idus de marzo, cuando asesinaron a César en la escalinata del Senado.
Cicerón, había pedido a César que le hiciera el honor de cenar con él. El dictador aceptó. Según Cicerón, César llegó a la villa acompañado de su guardia. La cena fue un gran éxito. “bebió y comió con tanto apetito como energía“. César se mostró conversador brillante e ingenioso. “Por otra parte“, añade su anfitrión, “ni una palabra de asuntos serios. Conversación enteramente literaria“.
Al día siguiente, 20 de diciembre, partió a Roma. El Senado había aprovechado su ausencia para votar en bloque decretos relativos a los honores que le eran conferidos. “Así esta labor no debía parecer el resultado de una coacción, sino la expresión de su libre voluntad“. De regreso a Roma, antes de colocar los decretos a los pies de Júpiter Capitolino como era tradicional, los senadores decidieron presentárselos personalmente. De este modo, se subrayaba aún más la importancia del homenaje que el Senado le rendía.
César estaba en el vestíbulo del templo de Venus Genetrix, hablando con los arquitectos y artistas que llevaban las obras. Cuando se anunció que el Senado había venido a verlo, hizo como que no le daba importancia alguna y continuó la conversación con sus colaboradores. Uno de los senadores se adelantó para pronunciar un discurso. entonces César se volvió hacia él y se preparó a escucharlo, sin levantarse de su asiento. Quería poner en evidencia su disgusto por la afrenta que le infligió el tribuno Aquila tres meses antes. Su respuesta dejó anonadados a los senadores, insistió más bien en reducir los honores … Pero no obstante los aceptó.
En cambio César, al mismo tiempo se apropió de prerrogativas más realista que le permitieron reunir en sus manos la totalidad del poder. Exigió y obtuvo que todos sus actos fuesen ratificados por el Senado, los funcionarios públicos fueron obligados a prestar juramento, desde su entrada en funciones, de no oponerse jamás a medida alguna emanada de él y se hizo atribuir los privilegios de los tribunos de la plebe, con lo que obtuvo la “tribunicia potestas” la inmunidad parlamentaria
En consecuencia, el Senado perdía su poder, permaneciendo como una asamblea que el dictador podía pasar por alto, sin dar una explicación para hacerlo. En lo sucesivo sería César quien tendría el derecho exclusivo de disponer de las finanzas del estado, y quien prepararía la lista de los candidatos al consulado y demás magistraturas. Esta actitud prepotente produjo una tremenda indignación entre los miembros del Senado. De hecho, poseía los poderes de un monarca, no le faltaba más que el título.
Sus enemigos empezaron una campaña insinuando a la idea de que queria volver a la monarquía, idea muy contraria al sentir de la gente, iniciando una guerra solapada pero implacable.Una de estas escaramuzas comenzó cuando la estatua de oro que acababa de ser erigida de César en la rostra, fue coronada con una diadema portando una cintilla blanca, distinción de la realeza. Dos tribunos del pueblo ordenaron arrancar la diadema y lanzarla lejos, hecho que simularon erigirse en defensores de la reputación cívica de César.
En otra ocasión se celebraban en los últimos días de enero en el Monte Albano, las tradicionales fiestas latinas. César debía asistir bien como Pontífice Máximo o como dictador. Optó por la ultima. Acabadas las fiestas, César hizo su entrada en Roma a caballo entre la multitud que lo esperaba. Desde que se le vio aparecer, se escucháron voces que aclamaban con rey, probablemente provenientes de provocadores. Inmediatamente se escucharon exclamaciones de protesta. César salvó la situación respondiendo: «Mi nombre es César y no Rex», lo que podía interpretarse como que él sólo en los saludos una alusión a su parentesco con la gens Marcci Reges, a la que pertenecía su madre.
En otro acto en las fiestas Lupercales. César ocupó un sitial de oro en la tribuna de las arengas, delante de donde debía pasar la procesión conducida por Marco Antonio. Junto al dictador estaban los magistrados en ejercicio su jefe de caballería Marco Emilio Lépido, los pretores, los ediles, etc. Mientras desfilaba delante de la tribuna, un sacerdote, Licinio, depositó a los pies de César una corona de laurel entrelazada con la cintilla de la diadema real, momento en que estallaron los aplausos. Licinio subió a la tribuna y puso la corona sobre la cabeza de César que hizo un gesto de protesta y se dirigió a Lépido para que lo ayudara, pero éste no hizo nada.
Cayo Casio Longino, se adelantó y, quitando la corona de la cabeza de César, la puso sobre sus rodillas, pero César la rechazó. Marco Antonio Subió a la tribuna se apoderó de la corona y la colocó de nuevo sobre la cabeza del dictador, pero César esta vez se quitó él mismo la corona y la arrojó lejos de sí. Esto le valió los aplausos de la multitud, pero algunos espectadores le pidieron que aceptara la ofrenda del pueblo.
Marco Antonio aprovechó el momento para recoger el emblema, tratando de ceñírselo de nuevo y se escucharon gritos de ¡Salud, oh rey!, pero con ellos se mezclaban protestas indignadas. César se quitó la corona y ordenó llevarla al templo de Júpiter «donde será mejor colocada», y requirió al redactor de los actos públicos que hiciera constar allí «que habiéndole ofrecido el pueblo la realeza de manos del cónsul, él la había rechazado,
Mientras tanto, los libros sibilinos que, habian resultado quemados en tiempos de Sila, fueron reemplazados por copias espurias. Los augures anunciaron que los pasajes daban entender que los ejércitos romanos no obtendrían la victoria sobre los partos, hasta que estuviesen mandados por un rey. Pronto circuló en Roma el rumor que en la próxima sesión del Senado, que debía tener lugar el 15 de marzo, el quindecenviro Lucio Aurelio Cotta, tío del dictador, tomaría la palabra para proponer que fuese conferido el título de rey a su sobrino.
]Los últimos acontecimientos acaecidos y, en particular, el rumor de lo que se preparaba para el 15 de marzo en el Senado, motivaron que lo que quedaba de la facción optimate y, entre ellos, Cayo Casio Longino, decidiesen pasar a la acción. Cayo Casio se dirigió a algunos hombres en los que creía poder confiar, y que a su juicio compartían su idea de dar muerte al dictador, se acordó tantear a Marco Junio Bruto, considerado como el personaje indicado para este papel.
Ambos estaban de acuerdo en que la libertad de la República estaba en juego, Marco Junio Bruto optaba por oponerme al proyecto de ley, y morir antes de ver expirar la libertad». Cayo Casio Longino rechazó esta solución, pues entendía que no era dándose muerte como se iba a salvar la República, y lo exhortó a pasar a la acción. Marco Junio Bruto atrajo adhesiones como la de Décimo Junio Bruto Albino, un familiar del dictador, en quien éste tenía entera confianza.
En total, el número de los conjurados parece haber sido de unos sesenta, de los cuales 23 se encargaron de la ejecución material del atentado. Durante las reuniones preliminares se elaboró un plan de acción. Se decidió por unanimidad atentar contra César en pleno Senado. De este modo, se esperaba que su muerte no pareciera una emboscada, sino un acto para la salvación de la patria, y que los senadores, testigos del asesinato, inmediatamente declararían su solidaridad.
Hay que tener en cuenta que las motivaciones de los magnicidas eran muy heterogéneas, ya que los había movidos por un auténtico sentido de salvación de la República. A éstos se les habían unido otras personas movidas por el rencor, la envidia, o por la idea de que si César acaparaba las magistraturas, a ellos no les tocaría nunca llegar al poder. Muchos de los conspiradores eran ex pompeyanos reconocidos, a los que César había perdonado la vida y la hacienda, incluso confiando en ellos para la administración del Estado (Casio y Bruto fueron gobernadores provinciales, nombrados por César).
No está demostrado que esa fuera la intención de César, parece ser que pensaba en instaurar un régimen autocrático de algún tipo, o, al menos, lo pensaban en las esferas más cercanas a él. No es posible saber con certeza qué condiciones fueron las que llevaron a un grupo de senadores a pensar en el asesinato de César. Los intentos de establecer un régimen autocrático sin duda tuvieron mucho que ver, pero no se puede descartar que hubiera otras motivaciones no tan nobles.
El solo hecho de que un número relativamente alto de senadores estuviera dispuesto a participar en el complot y a matar a César en el propio senado (lo que constituía un sacrilegio), da muestra del estado de cosas al que se había llegado.
En los Idus de Marzo del año 44 a. C., un grupo de senadores conspiradore, convocaron a César al Foro para leerle una petición, con el fin de devolver el poder efectivo al Senado. Marco Antonio, que había tenido noticias difusas del complot corrió al Foro e intentó parar a César en las escaleras, antes de que entrara a la reunión del Senado, pero los conspiradores interceptó a César al pasar junto al Teatro de Pompeyo, donde se reunía la curia romana, y llevaron a una habitación anexa al pórtico, donde le entregaron la petición.
Tulio Cimber tiró de su túnica, César le dijo furioso «Ista quidem vis est?» ¿Qué clase de violencia es esta? Casca, sacando una daga, le asestó un corte en el cuello; Cesar se volvió rápidamente y, clavando su punzón de escritura en el brazo de su agresor, le dijo “¿Qué haces, Casca, villano?”, Casca, asustado, gritó en griego «ἀδελφέ, βοήθει!», (¡Socorro, hermanos!), y, en respuesta a esa petición, todos se lanzaron sobre el dictador, incluido Marco Junio Bruto.
César, entonces, intentó salir fuera del edificio pero, cegado por la sangre, tropezó y cayó. Los conspiradores continuaron con su agresión, mientras aquél yacía indefenso en las escaleras del pórtico. Al menos 60 senadores participaron en el magnicidio. César recibió 23 puñaladas.
No hay acuerdo sobre las últimas palabras de César, Suetonio escribe que fueron “Καὶ σὺ τέκνον. Kai sy, teknon? “ (en griego, ‘¿tú también, hijo mío?’). Otros Tu quoque, Brute, filii mei! (en latín : ‘¡Tú también, Bruto, hijo mío!’). versión inmortalizada en la pieza de Shakespeare. Sin embargo, Plutarco nos cuenta que no dijo nada, sino que se cubrió la cabeza con la toga tras ver a Bruto entre sus agresores.
Extractado de Wikipedia, Biografías y vidas y Historialago
