Felix Maocho

Para quien le interese lo que a nosotros nos interesa

Los papeles de Torre – El anticuario

En otros documentos ya se ha comentado que no es fácil la vida del sicario. En estos papeles explica como se quiera o no, el hábito termina haciendo al monje. Es decir que el disfraz con que se cubre el sicario termina siendo una forma de vida que le arrastra. 

 

Un saludo

 

 

 

El Anticuario

 

Los que nos dedicamos a este oficio por fuerza tenemos que tener otro que nos sirva de coartada. El mío es el de anticuario. Lo elegí hace ya un montón de años. Unía en él una afición personal con la necesidad de tener una ocupación adecuada al principal objetivo, el proporcionar una buena tapadera.

 

Ser anticuario ha demostrado ser un magnífico disfraz. Con un buen empleado que cuide de la tienda, andas libre de horarios y siempre tienes una buena excusa para justificar una ausencia o un viaje, como una salidas para la  exploración y búsqueda de objetos.

 

En un anticuario la discreción es fundamental, los clientes son personas conocidas ponen en tus manos piezas de arte y muebles con los que cubrir una deuda o un bache económico. Esperan que no reveles nunca sus dificultades económicas ni la procedencia de la obra. Por tanto, una pregunta sobre tu actividad, debe ser contestada siempre con evasivas y generalidades, y entre tanto sigilo profesional resulta sencillo intercalar tus propias evasivas y mentiras sin llamar la atención

 

Otra ventaja es que en un momento puedes adquirir a cualquier chamarilero o anticuario de segunda fila, unas cuantas piezas que justifique plenamente un viaje de varios días. Como en este oficio todo es dinero negro, nadie puede saber si se hizo una buena o mala operación. A mi tienda en Madrid llegan cargamentos de artículos de variados orígenes, que mi encargada cataloga y pone a la venta a precios, que según su entender, son los adecuados para conseguir el equilibrio entre un buen precio y una venta rápida, con independencia de lo que me haya costado su adquisición. Supone que yo por mi parte ya me he preocupado de pelearme bravamente por obtenerlos al mejor precio.

 

También resulta útil tener la variedad de cachivaches que se van acumulando el almacén de un anticuario, desde un amplia caja fuerte donde guardar las piezas de valor, a todo tipo de herramientas de carpintería y metales, pasando por productos químicos como disolventes, pinturas, barnices, necesarios para la restauración, aparte de aparatos de todas las procedencias, luz ultravioleta, máquinas fotográficas, embalajes de todos los tipos y formas y todo un mundo de libros, papeles, tablas, bronces y otros chismes de difícil clasificación. Si uno tiene algo que ocultar, el desordenado almacén de un anticuario es el sitio ideal donde dejar cualquier cosa sin llamar la atención.

 

Otra ventaja adicional es que a través de esta profesión entras en contacto con personas que bordean el mundo de la delincuencia. Aunque por una elemental prudencia yo nunca me he implicado en operaciones con mercancía de dudosa procedencia, en el trabajo de anticuario siempre te encuentras con personas que son o están en contacto con falsificadores, estafadores, peristas y ladrones, que pueden proporcionarte discreta ayuda en algún trabajo donde necesites expertos en las mas variadas artes capaces de hacer su trabajo a la perfección con discreción y sin preguntas.

 

Lo malo es que elijas el trabajo que elijas, acaba liándote y lo que debía ser solo un disfraz hace que termines llevándote los libros de contabilidad y las facturas a casa y te pases el domingo calculando lo que te va tocar pagar de IVA.

 

El anterior capítulo de los Papeles de Torre le encontrará aqui 

 

27 Mayo 2008 - Publicado por felixmaocho | Papeles de Torre | | Aún no hay comentarios

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