Personalidades
Ya he escrito muchas veces que lo peor de esta profesión es la mentira que rodea toda tu vida. Mientes a tu familia, mientes a tu entorno, mientes y mientes por todos los lados hasta que la mentira se transforma en algo automático en tu forma de ser.
Claro está que tal como es la sociedad no puedes ir contando que eres un asesino a sueldo, pero no sé por qué, si somos imprescindibles. ¿Por qué tenemos que ir ocultando nuestra profesión hasta después de muertos? También las putas tienen una profesión mal vista socialmente y tiene que ser discretas, pero nadie las obliga al secreto absoluto. El caso que eso es así, y no podemos cambiarlo.
Y luego está lo de las dobles personalidades, tanta mentira y disimulos te llevan a la locura. Yo por ejemplo, ya no sé realmente quién soy. Mi auténtico nombre ha quedado olvidado. Podrían vengarse en mi madre o en mi familia. Para ellos he desaparecido, he muerto y habré sido olvidado hace ya muchos años.
Mi segunda personalidad, la que actualmente tengo, la conseguí hace unos treinta años. Suplanté a un muerto. ¿Desagradable, no?. Es el método tradicional. Cuando un fulano muere, por muerte natural o por accidente, buscan a sus familiares. Si no se encuentran o, como ahora se dice, “pasan” del muerto, su cuerpo se manda a la universidad de medicina para que lo desguacen los estudiantes de medicina. Esto es conocido, pero lo que no suele saber la gente es que normalmente algún servicio de seguridad se apropia de su personalidad.
Del cerdo se dice se aprovecha todo excepto las pezuñas, pues de los desgraciados sin familia se aprovecha desde el cadáver hasta su pasado. Se amañan los registros para que no aparezca como muerto oficialmente y empieza a “resucitarse” la persona.
Mezclando datos reales con ficticios, se crea una persona con un sólido pasado. Hay, por ejemplo, una cartilla de la mili que afirma que la hiciste en tal fecha y en tal regimiento, y si bien la cartilla es una falsificación, porque entre otras cosas tiene tus propias huellas, si buscan a alguien que hizo la mili en el mismo lugar y fecha, es muy probable que recuerden tu nombre.
También se amañan los registros de la seguridad social, y los antecedentes penales si los tiene, y el pasaporte, los contratos de agua, gas y electricidad, lo que haga falta. De forma que se mezclen datos reales del muerto con otros que expliquen mejor tu trayectoria profesional conocida por el público.
Porque, claro, uno que se dedique a lo nuestro no puede tener un trabajo ficticio y andar haciendo el vago, por que eso llamaría la atención. Tiene que tener un trabajo real y verdadero, que le permita viajar y desaparecer de vez en cuando sin llamar excesivamente la atención. Y de pronto apareces con un nombre y una profesión en un vecindario que nada sospecha y comienzas una nueva vida.
Yo por ejemplo para mi familia, mis vecinos y el mundo en general, soy anticuario, y lo soy realmente, tengo una tiendecita en Madrid y me encanta este oficio. Con frecuencia hago viajes para conseguir objetos tanto por España como en el extranjero.
Cuando tengo necesidad de desaparecer, otro compañero recorre el país por mí, visitando con mi nombre a gente que no me conoce y dejando rastros de mi fingido viaje, al igual que yo hago de vez en cuando, aprovechando un viaje como anticuario, para dejar rastros en nombre de otras personas.
En estos viajes también recogemos y hacemos llegar y enviar los mensajes entre los compañeros y sus familias de forma que ni siquiera los más allegados se enteren que determinado viaje es diferente a otros hechos antes.
Pero claro está, esta personalidad es necesaria, pero no es suficiente. Todos como mínimo tenemos otra para casos de emergencia, en la que poder refugiarse si todo de repente se pone mal. Mi tercera personalidad es la de un argentino soltero, vendedor de maquinaria pesada en Africa y Asia, que tiene en París un apartamento para cuando va a la central o está de vacaciones. Esta personalidad sólo me obliga a ir de vez en cuando a París, saludar a madame portera, pagarle (generosamente) lo convenido por mantenerte limpio el apartamento, comentar lo pesado que es viajar por todo el mundo, y poco más.
En caso de necesidad, encontraré refugio razonablemente seguro, al menos por un tiempo en el apartamento de París, sin llamar la atención.
Y tengo una cuarta personalidad, también un argentino. Los de Videla se portaron muy generosamente con los Servicios Secretos de Franco. En este caso soy una persona de buen pasar, un rico, que en una apacible isla del Índico, apartada del mundanal ruido y especializada en ser refugio de millonarios retirados, tiene una agradable villa. Para los nativos, como otros muchos propietarios de la isla, vivo suspirando por retirarme a mi mansión, pero mis múltiples negocios no me lo permiten.
Mientras llega el día del añorado retiro, una familia de la isla hace de guardeses, cuida que todo esté en orden, la casa limpia, la piscina en estado de revista, el jardín con un césped perfecto y unas plantas tropicales maravillosas, a cambio de un (generoso) cheque que llega todos los meses de una cuenta en Suiza.
Cuanto todo esto acabe, cogeré lo más imprescindible, los cuatro chismes que me unen a la vida y a mi compañera. Si es que para entonces tango compañera. Quizá me haya abandonado, como las anteriores, por insípido, aburrido y burgués anticuario, que dijo una. ¡Hay, madre mía, si ellas supieran!.
Así que gran parte de lo que gano, se me va en gastos imprescindibles para garantizar mi vida y asegurar mi vejez. Una familia en Madrid, mantener abierto un negocio, que si bien me da muchas satisfacciones, no es lo que se dice una mina, un apartamento en París de bastante gasto y una bonita finca en una isla lejana. Aparte de los necesarios frecuentes viajes a París y de tarde en tarde a la isla, para dar una razonable credibilidad al invento. O sea un pastón.
Suerte que si de algo no nos podemos quejar es de la paga, que sin ser tanto como la gente puede llegar a pensar, no está del todo mal y sin impuestos ni retenciones. En dólares, ingresados directamente en una cuenta numerada en Suiza.
Otro día contaré el lío que es mantener a la vez tantas personalidades y los trucos que tememos que utilizar para recordar lo que contamos en cada papel y para evitar, cuando estamos haciendo un papel, contar cosas que teóricamente no podríamos conocer.
El anterior capítulo de los Papeles de Torre lo encontrará