Los papeles secretos de Torre
Publicado por felixmaocho en 6 Abril 2008

Hace unos días, buscando en los archivos de la oficina unos expedientes de un trabajo que se habíamos realizado hace años, me encontré con una carpeta como las demás del archivo, pero que en el interior contenía información de un tema que no tiene nada que ver con los trabajados realizados por la oficina, al menos en lo que yo se.
Son un buen número de folios impresos en impresora de ordenador, con historias de un espía. Por lo que se deduce de ellos, es una especie de agente 007 a las órdenes del gobierno o de algún servicio de inteligencia secreto, encargado de llevar a cabo los asesinatos ordenados por las altas esferas.
Parece ser que está como una regadera, y su siquiatra le ha mandado que escriba una especie de confesión como terapia.
No me he atrevido a sacar el expediente del archivo, y tan solo voy sacando algunos folios que después de fotocopiar discretamente los vuelvo a dejar donde estaban, no pienso hacer averiguaciones de como llegaron esos folios al archivo, ni cual es la razón que estén ahí.
En cuanto a los escritos, os envío una copia transcrita de los mismos. Como las páginas no tienen ni fecha ni número de pagina y además están desordenadas en la carpeta, no se en que orden fueron escritas, yo ordeno los papeles intentando completar las páginas que forman un capítulo del modo que a mi entender explican mejor la historia. Selecciono solo los que a mi juicio son los capítulos más interesantes, pues muchos son un poco pesados y no tienen ningún interés en especial.
No he resistido la tentación de compartir mi descubrimiento con vosotros, pero espero que seáis discretos y prudentes y no divulguéis estos papeles con cualquiera.
Un saludo y que os parezcan tan inquietantes como mi. Felix
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Primer escrito
Lo peor de mi profesión es no poder hablar de ella con nadie. Te acostumbras a eludir el tema y encontrar salidas a las preguntas comprometidas que te hace la gente de una forma discreta, cambiando de tema de conversación sin que nadie repare en ello. Con los años, llegas a hacerlo automáticamente, sin el menor esfuerzo, sin darte cuenta.
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Pero no poder hablar de ello tiene una gran carga moral. Todos necesitamos sentirnos importantes, necesitamos el reconocimiento de los jefes, de la familia, de los amigos íntimos, que se conozca nuestro trabajo. No poder comentar con nadie, ni nuestros éxitos ni frustraciones, es una bola que tienes dentro que no puedes digerir, y que, día a día, va creciendo produciéndote una opresión cada vez mayor.
A todos nos pasa lo mismo, por ello, entre compañeros, no hablamos de otro tema, la misión que tuve en Bogotá el año pasado, las complicaciones que surgieron en Israel,… yo que sé, el asunto es poder darnos importancia con alguien, aun a cambio de tener que oír con paciencia las fanfarronadas del otro.
Y así un día tras otro, hasta que hablar del tema se vuelve una obsesión, hasta que no te queda mas salida que el siquiatra. Y vas al siquiatra, pero no a un siquiatra, sino al compañero siquiatra, que como tu, pertenece al oficio, y que tampoco puede hablar del tema ni con su familia. Y que te dice lo que es de sentido común,… que pienses en los demás,… que una imprudencia tuya puede costar un disgusto, a ti, o a un compañero,… que todo lo que has trabajado en tu vida puede ser irse al traste si te vas de la lengua,… que puedes poner en una situación dificilísima, no solo a gente importante, sino al propio estado,… En fin lo que ya sabes.
Y cuando le dices que ya no puedes mas, te da como receta que escribas tu historia y que no la destruyas, por que si desaparece la posibilidad de que se divulgue la historia, se pierde el efecto curativo de escribirla, pero te pide, que quede en lugar tan seguro que puedas permitirte el lujo de escribir lo que quiera sin ninguna limitación.
También aconseja que, si realmente quieres que te valga de algo, que se ajuste en líneas generales a la verdad, pero desde tu punto de vista, valorando las cosas de forma subjetiva, por que lo que se escribe no es la historia, ni un informe oficial, o unas memorias, sino el sustituto lo que contarías, si pudieras, a tus hijos o a tu mujer, y nadie en este tipo de historias engaña, pero tampoco dice toda la verdad, y con frecuencia engorda su papel pasando de peón de brega a protagonista de la historia..
Y en ello estoy. Parece mentira que sabiendo, como sé, que nadie leerá esto, con solo la remotísima posibilidad de que estas notas puedan llegar a ser leídas, puedan producirme tanto alivio. ¡Lo raros que somos los humanos!
Así pues, iré escribiendo lo que se me ocurra, sin guión ni plan establecido, según necesite volcar mi alma en el papel.
Aquí acabo mi primer escrito. Ahora que lo releo veo que no he puesto ni un nombre, ni un lugar, ni una fecha, toda una vida de prudencia no se pierde de golpe. Pese las recomendación del siquiatra no firmaré este documento.
Así pues, un saludo mi improbable lector y hasta otra , si es que hay otra.